Tonywilles
Sevilla, España98%
El turismo rural está en alza, está en la cumbre. El año pasado intentamos alojarnos durante el puente de la Constitución en el complejo rural Peñón de Algámitas (Algámitas sierra Sur de Sevilla), y nos aconsejaron hacer la reserva durante el verano, vamos que estaban completos, completísimos.
Pues con el consejo en la mano, durante el pasado mes de julio, hicimos nuestra reserva, abonando el 50% de la estancia (193 euros, tres días, tres personas, dos adultos y un niño de 13 años).
Así que el viernes, tras recoger al niño del cole, de camino al Peñón. Recomiendo hacer la ruta por la A-92, salida 82, dirección El Saucejo (buena carretera), tomar la salida norte de El Saucejo (carretera para hacerla de día, buen firme, pero estrechita para urbanitas), dirección Algámitas (carretera aceptable), atravesar el pueblo, y con las indicaciones (cortitas) tomar la carretera de Pruna (regularcilla), en subida durante 3,5 kms., justo en la entrada del complejo hay una indicación. Una buena subidita en carretera que no recomiendo hacer de noche si no se conoce y llegada al complejo.
La recepción muy correcta, cortita de instalaciones, pero con profesionales que se hacen cargo de todo, de informarte, alojarte, cobrarte de la mini (mini mini) tienda, de contratar los distintos servicios, ... vamos que no se aburren.
Con tus llaves y una información básica de donde encontrar tu bungalow o casa, si preguntas un pelín por las rutas, te informarán muy (pero que muy bien) sobre las cuatro rutas que se pueden hacer, quizá deberían aportar un planito en color, te dan una fotocopia en blanco y negro con cuatro rayas de colores, y cuando ha pasado una rato, si no recuerdas las explicaciones, con el plano (al que por la explicación no has mirado mucho) te das cuenta de que tanto podría ser de la zona, como de Madrid o Sevilla, no se aprecia nada de nada, ni está orientado, ni se entiende. Pero no preocuparos cualquiera de los residentes o trabajadores te asesoran sobre la marcha.
Tomas tu coche, tus llaves y seguimos subiendo, ya vamos por 800 metros, con un pelín de suerte y un par de preguntas, encuentras tu alojamiento, en nuestro caso un bungalow de piedra. Tomo la cámara para disparar, pero no tengo las baterías cargadas (intenté comprar pilas alcalinas en la miniminitienda, pero solo hay de las normales, resultado, ni una foto).
Antes de abrir, miro alrededor y verdaderamente esto es naturaleza pura, en la falda de una montaña, y en la misma falda se integra el bungalow, (muy integrado lo veo, para la humedad que hace, hay nubes bajas). Tiene una mesa en un pequeño porche y un arcón-banco (está vacio). Abro la puerta y se nos cae el mundo al suelo.
El sitio parece una cueva, frío (helado), oscuro, sucio (no voy a ser poco objetivo, sucio no estaba, lo que no estaba es limpio, me explico?, lavadillo de cara).
Es una especie de salón con dos puertas de entrada (no entiendo por qué dos) desde la calle (desde el campo), con una especie de sofá de obra con una lonetita de asiento, y con una especie de sofá cama, con un colchón (viejo y sucio) sin funda, para sentarte y tirando de él para hacer una cama de matrimonio. El sofá cama es para nota, está empotrado en la pared, que a su vez está en el suelo en una construcción añadida lateral, no se si me explico, pero el resultado es que cuando lo sacas (cuesta una barbaridad, entre dos personas casi se puede) para hacer la cama, el colchón sale heladito y deja un extraño hueco en la pared (el continente del artefacto) en el que podemos encontrar de todo, menos limpieza (si se te cae la almohada en el hueco, o la lavas o la tiras).
Pero seguimos, hay una chimenea, que funciona (claro ) si la enciendes, la encontramos con leña y la puse enseguida en marcha, pero para las siguientes cargas tienes que usar leña mojada. Esto merece una explicación, junto a la casita, han dejado un montón de trozos de raíz de encina, con su tierrecita y chorreando (será que allí no llueve nunca ni hace humedad nunca como para prever un sitio más seco?), pregunté en recepción (con mi móvil, no hay teléfono) y me mandaron a un operario que me confirmó lo que acabo de decir. El operario me aconsejó meter unos cuantos de trozos de leña en el arcón que se encuentra a la entrada, donde supuestamente se secaría, y así poder usarla. A eso me puse, me metí en el barro y rescaté unos trozos (recomiendo llevar botas de agua y unos guantes de trabajo viejos y luego tirarlos).
Pero sigo, hay aire acondicionado con calor (bendito aire), y milagro, en una horas, el lugar estaba medio habitable, para el resto del tiempo recomiendo dejarlo siempre encendido, que en unión de la chimenea, se consigue una temperatura adecuada.
También existe una cocina tipo americana, con todos sus enseres (todo regularcillo, salvo el microondas y el frigo que son nuevos). Y por fin un miniaseo, olvidar ducharos, el agua es de un termo que está en el exterior (estaba encendido, gracias a Dios), pero tiene muy poca presión y si os da por daros una duchita, os vais a congelar.
Falta añadir que dispone de una mesa pequeña y otra mayor, con cuatro banquetas de madera, y una tele, al principio igual no la veis, pero si se levanta bien la cabeza se encuentra, si veis alguna peli acabareis con tortículis. Falta decir que tiene además dos armarios empotrados.
Lo mejor estaba por llegar, nos vendieron un alojamiento para cuatro personas y solo hay una cama, pero era cierto, con una escalera de madera que se coloca en el soporte adecuado, se sube a un altillo, en el que solo se cabe sentado, y en ese pequeño espacio hay tirado un viejo colchón, digo tirado porque está en el suelo.
En ese cubículo me tocó dormir, al niño le daba yuyu y la madre dijo que ni subía, no ha hecho el curso de alpinismo y en su vida había visto algo igual, lo dijo tras mirar desde la escalera, no entró porque dudaba de poder salir luego, y yo que soy un pelín expeditivo me lo adjudiqué, que remedio.
Comentamos en recepción nuestra tremenda decepción e intentaron cambiarnos de alojamiento, pero todo estaba completo.
Pues así las cosas, intentamos pasar los tres días.
Salvo el alojamiento, el resto de instalaciones están muy bien (descuidadas desgraciadamente), y el entorno natural es maravilloso. Tienen todo tipo de servicios para amantes de la naturaleza y aire libre, hasta unas formidables pistas de pádel.
Las rutas están marcadas con tablillas (tendrían que colocarle algunas más, a veces se duda en los recorridos).
Hay que hacer un inciso, el restaurante, es una gran instalación, en un enclave privilegiado, muy cuidada y con unos precios muy aceptables, pero sobre todo con muy buen servicio y con una carta magnífica (recomiendo productos de la tierra y carnes, no el pescado o almejas -no hay que pedirle peras al olmo-). El que quiera disfrutar de una buenísima comida, con unas vistas de infarto, que no se lo pierda, y luego la sorpresa de un personal agradabilísimo y unos precios muy ajustados. Por poner una pega, mucha comida (para algunos será una ventaja).
Al segundo día mi familia, aún gustándole todo, no aguantaban más con el alojamiento, le llamábamos la cueva (si alguien lo ve, quizá entienda la expresión), nos presentamos en recepción y perdimos un día de puente, y, su correspondiente importe porque nos obligaron a pagar el tercer día, aún sin hacer uso del mismo, será legal?, habrá que denunciar el asunto?, con el tiempo lo miraré bien.
Resumiendo, un sitio fantástico para amantes de la naturaleza, pero el alojamiento solo un paso más que una tienda de campaña. Abstenerse comodones (nuestro fallo), frioleros o profanillos en acampada. Es recomendable hacer uno de la zona con buen tiempo, en verano seguro que es una maravilla, pienso.