Opinión detallada de bobpoli
bobpoli
Alcoletge, España93%
El motivo de nuestra entrada a este coffeeshop no fue otro que la curiosidad. No teníamos intención expresa de entrar a él, pero sí de escoger uno al azar de la cantidad de ellos que íbamos encontrando a nuestro paso por las diversas calles de Amsterdam. Pero de todos ellos salía un fuerte olor a marihuana, a porro, a vicio... No es que nos disgustara ese olor, pero la mezcla de todas las semillas y hierbas, concentradas en un pequeño espacio, con un montón de gente, resultaba un poco agobiante. Así que pasar por delante de Free y ver que no había mucha clientela en su interior, resultó totalmente tentador.
El local era estrecho y poco profundo, con una pequeña barra a la derecha, dos mesas a la izquierda, dos sillas de barra al fondo y unas escaleras que bajaban. Tuve problemas para bajar, porque el hueco era estrecho, las escaleras muy empinadas y el cubículo del sótano, bajo de techo. Por razones de idioma, me tocó acercarme a la barra y preguntar. El empleado, de procedencia "no europea", aunque no puedo determinar si era turco, árabe o de dónde, me comentó las normas de todo coffeeshop: sólo mayores de 16 años pueden realizar consumición, y sólo los mayores de 18, previa presentación de documento acreditativo, pueden acceder a la estancia inferior, pues sólo los mayores de edad pueden fumar. Como en todo coffeeshop, dijo, no está permitido el consumo ni la tenencia de alcohol. Tras sus palabras, pedí un té, y el camarero, en lugar de servírmelo, sacó una carta de consumiciones (todo tabaco, semillas y hierbas) y me dijo que debía pedir algo de aquella carta antes que el té. Como una persona de mi grupo estaba interesada en el consumo de estas drogas blandas, finalmente pude obtener mi té de manzana, que estaba pasable, aunque algo aguado y sin azúcar.
Durante nuestra estancia en el local entraron otros jóvenes españoles. El camarero les pidió DNI y como uno de ellos no superaba los 18 de edad, el camarero no les permitió siquiera la estancia. Otra pareja entró más tarde (parecían franceses) y pidieron un café. Se les mostró la carta y, ante su intencionalidad de simplemente tomar un café, el camarero dijo que aquello era un coffeeshop, y que lo que se hacía en estos lugares, era fumar.
Entendiendo perfectamente que no hubiera más que tres personas en el local a nuestra llegada, terminamos nuestras consumiciones de manera apresurada y abandonamos el local.
Free I1
Valoración
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Accesibilidad
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Se tiene que ver
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Barato
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Ambiente
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Este coffeeshop se encuentra en el centro de Regulierdswaarstraat, una de las calles de ocio nocturno de la ciudad de Amsterdam. Es fácilmente encontrable, porque hace casi esquina con una de las arterias principales de la ciudad. No tiene un horario de apertura específico, pero cualquier día, desde media tarde, es fácil encontrarlo abierto, si bien sus cristales ahumados y su puerta, casi siempre cerrada, hacen difícil distinguir si lo está o no. Para entrar hay 4 escalones, nada prácticos, en especial para gente con minusvalía física, y su espacio interior es reducido. En el fondo hay unas escaleras estrechas y muy empinadas que conducen hacia un piso subterráneo poco ventilado, al que pueden entrar únicamente personas con edad y derechos para fumar. Locales como éste, hay cientos en Ámsterdam, por lo que la indicación de verlo sólo sería posible si hubiera algo especialmente atractivo aquí, que no lo hubiera en el resto... pero nada más lejos de la realidad; un camarero bastante rudo evita la entrada al coffeeshop de menores de edad, aunque no vayan a fumar, y niega la consumición a los visitantes que simplemente se quieren parar a tomar un té o café, y que no les apetece fumar (como fue mi caso). Así, se crea un ambiente bastante desagradable y poco frecuentado (nunca lo vi lleno como otros coffeeshops, de todas las veces que pasé por delante de él), y los precios elevados de los diferentes tabacos y semillas no contribuyen a hacerlo atractivo para los fumadores.