Opinión detallada de bezudo
Teníamos ganas de conocer y participar en la fiesta -Ayllón Medieval- puesto que unos amigos nos la recomendaron.
Para asistir a estos tipos de eventos hay que reservar alojamiento con suficiente tiempo de antelación puesto que la oferta hotelera es pequeña y los visitantes numerosos.
En Ayllón solamente hay tres establecimientos para alojarse y uno es casa rural que hay que reservar al completo por lo que en cuanto nos decidimos asistir descolgué el teléfono y concerté una habitación doble.
Calculé el viaje para llegar un poco antes de las doce, que es cuando se puede coger la habitación.
Antes me había informado de la situación del hostal y realmente no era necesario porque se encuentra bien ubicado, en plena carretera N-110, a la entrada de la población donde toma el nombre de calle del Conde de Vallellano, en la cera de la izquierda, frente al Cuartel de la Guardia Civil, por lo que llegar es sumamente fácil.
Es un edificio de tres plantas de ladrillo rojo con una terraza de bar cubierta en la que hay un cartel descolorido con el rótulo de -Hostal Restaurante Vellosillo-.
Mi primera impresión al verlo fue más positiva de lo que luego pudimos comprobar.
Aparcamos el coche frente a las puertas contiguas de entrada al bar y al hostal y tras identificarnos en la barra del bar-restaurante nos entregaron la llave de la habitación.
Hay otra puerta en el bar para acceder directamente al recibidor del hostal sin tener que salir a la calle.
El hall tiene baldosas marrones y techo blanco, a la izquierda está la puerta de los baños del bar y enfrente el almacén del establecimiento. Hay dos escalones en medio para subir a un rellano donde hay un viejo (no antiguo) mueble aparador con cuatro cajones y dos puertas. El resto de decoración lo compone un macetero fijo vacío y otro con una planta de plástico.
Enfrente se encuentra la escalera de acceso a las habitaciones, dieciséis escalones nos llevan a la primera planta y otros dieciséis más a la segunda.
Tras recorrer dos pasillos y sortear una inútil mesa alargada en uno de ellos, llegamos a nuestra habitación. Nos costó meter la llave en el pomo porque no había luz en el último tramo y no veíamos apenas.
LA HABITACION
Tras abrir la puerta nos encontramos con una sencilla habitación de baldosas marrón claro y paredes y techos blancos.
Un pequeño pasillo, con la puerta del aseo a la izquierda, nos introduce en un aposento de medidas suficientes pero justas.
Llama la atención el color negro del piecero y el espejo del cabecero de la cama que no hacen juego ni con la habitación ni con el poco mobiliario existente, excepto con las dos mesitas, a ambos lados, con dos cajones y polvo en su superficie. Las dos lamparitas que en su día incorporaba el cabecero han desaparecido.
La colcha es de color azul, las sábanas de color azul celeste suaves al tacto, la almohada un poco baja a mi gusto y el colchón de 1,35 un tanto delgado que hay que pensar en jubilarlo.
A los pies hay una clásica alfombra marrón.
Encima del cabecero, y sujetas a la pared, se encuentra una lámpara con dos tulipas.
Del techo cuelga una sencilla lámpara que ilumina suficientemente la estancia.
Enfrente de la cama hay una mesita de color marrón con tres cajones sobre la que hay un televisor de 15’ de antena telescópica sin mando a distancia y con la imposibilidad de cambiar manualmente de canal por lo que estuvimos abonados a Antena3 todo el fin de semana. Al quejarme me argumentaron que los clientes hurtaban los mandos.
En un lateral hay un mueble-cajonero con cinco gavetas y el hueco de otra desaparecida. Enfrente se encuentra el armario de un metro con dos cuerpos y en su interior mantas de repuesto.
Dos sillas sin hacer juego terminaban por completar el mobiliario.
La ventana de 1,2 por 1,4 tiene unas proporciones más que suficientes para proporcionar luz y ventilación cuando se levanta la persiana y se abren las dos hojas. Las modestas cortinas de gasa azul y blanca ocultan el radiador de la calefacción pero no la telaraña del techo.
El aseo es igual de sencillo.
Tiene baldosas marrones claras y azulejos hasta el techo donde hay una lámpara con una de sus dos bombillas fundida.
La pequeña bañera es de 1 m. con cortinas de tela plastificada roja donde se puede observar un pequeño agujero en el techo fruto de una anterior fuga de agua del piso superior.
No hay bidé.
Sobre el lavabo se encuentra un espejo de 0,65 por 0,40 con marco metálico imitando hojas y sin la útil lámpara para afeitarse o maquillarse.
Disponíamos de juegos de dos jaboncitos, sobres de gel y toallas de baño y mano. En el suelo había una alfombrita. Además del radiador, el cubo de la papelera terminaba por completar los utensilios disponibles.
Las zonas comunes se limitan a un rincón en el comedor del restaurante donde hay un mueble que hace de pequeño separador para ver el televisor sentado en un tresillo.
Mi opinión es que ciertamente se trata de un hostal de dos estrellas, con precio ajustado, pero que no es motivo para escamotear calidad en el servicio, por pequeño que sea.
El trato con el diferente personal del hostal fue correcto.
Sí que echamos en falta el aire acondicionado o, como mínimo, un ventilador; dormir la siesta en julio se convierte en un suplicio a pesar de poder recurrir a la ducha.
Al tener que pasar la noche con la ventana abierta tuvimos que soportar los ruidos del paso de vehículos mañaneros.
Vellosillo5
Valoración
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Habitación
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Tamaño
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Limpieza
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Mobiliario
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Estado de la habitación
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Cama/Colchón
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Instalaciones
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Ambiente
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Condiciones generales
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Personal (Amabilidad/Servicio)
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Bar hotel
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Ubicación y zona
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Alrededores
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Lugar tranquilo