Opinión detallada de CARACOLA
CARACOLA
Algorta, España98%
Si alguien me pregunta que es lo que más e ha gustado de Costa Maya, tengo que decir sin dudarlo ni un instante, que esta laguna.
Llegamos a Majahual a primera hora de la mañana, y en cuanto nos permitieron salir del barco nos dirigimos a la salida del puerto donde habíamos quedado con una chica española que vive allí, con quien habíamos organizado esta excursión.
Tras una parada para ver las ruinas de Chacchoben, la furgoneta nos dejó a orillas de la laguna, donde habíamos quedado con el propietario de un catamarán de fabricación casera que nos llevaría a navegar por toda la zona.
La primera impresión desde el embarcadero ya fue inmejorable. Aquellas aguas de un azul turquesa increíble, el entorno totalmente sin explotar por el turismo y el catamarán que era todo un poema, presagiaban una excursión fantástica para conocer la laguna, como así fue.
Empezamos a navegar y la laguna se abrió ante nuestros ojos. El panorama era increíblemente bonito y ya empezamos a apreciar el por qué se llamaba “Laguna de los Siete Colores. Dependiendo de la profundidad del agua y de los fondos, el color cambia desde un azul pálido y blanquecino, hasta azul oscuro casi gris, pasando por verdes turquesa en todas sus gamas.
Inicialmente nos dirigimos a una zona de barros calcáreos. Allí el agua es casi blanca, porque hay muy poca profundidad y el fondo es pura cal. Paramos a darnos un baño, primero en la zona más profunda donde simplemente estuvimos nadando un rato, y luego en los barros. Es una sensación única: Sentada en el agua, frotándote con la arena del fondo que como digo es sumamente suave, como si fueran polvos de talco y con un entorno espectacular, es el tratamiento de Spa más original y agradable que he hecho en mi vida. No sabéis como quedó la piel después Suave.suave
Después estuvimos navegando otro buen rato mientras observabas las orillas de la laguna rodeadas de amplia vegetación pero de corta altura, sus aguas de color cambiante y alguna que otra casa situada en este paradisiaco lugar. De vez en cuando se veía cerca de la orilla algún pequeño palafito, utilizado por los pescadores, una bucólica imagen que ponía el broche de oro a todo aquel paisaje.
Casi no había viento por lo que el agua estaba sumamente tranquila y el agua de la laguna parecía un espejo donde se reflejaba el sol o las ramas de los árboles que había en la orilla.
Finalmente nos dirigimos a uno de los cenotes de la zona el Cenote de la Bruja. Está en la misma laguna, pegado a tierra, y ya según te vas acercando te percatas del cambio de color del agua. Aquí es profundamente oscura, debido a la profundidad de los cenotes que constituyen un sitio ideal para hacer snorkel, así que paramos y nos tiramos al agua con nuestras gafas y aletas. Da un poco de “yuyu pensar los metros de agua que hay debajo de ti, y además en un espacio semicerrado con paredes alrededor, pero mereció la pena. Debido a la profundidad no es que veas mucho si miras hacia el fondo, pero las paredes del cenote son todo un descubrimiento, llenas de líquenes, plantas acuáticas y algún que otro pez entre ellas.
Me encantó la laguna y si por mi hubiera sido habría alargado un poco más la navegación por ella, pero teníamos hora y media de coche para llegar de nuevo a Majahual y queríamos parar por el camino a ver el Fuerte de San Felipe y el Cenote Azul, así que nos despedimos de esta maravillosa laguna esperando volver algún día con más tiempo para disfrutarla plenamente.
Laguna de Bacalar10