Opinión detallada de bobpoli
bobpoli
Alcoletge, España99%
Ya comprendo que el título de mi opinión pueda parecer típico, tópico y soso...
Ver este punto de atracción turística me ha hecho recordar los día que pasé en Bruselas (quizás con un motivo más "político" que "estival", por llamarlo de algún modo). Dejemos a un lado las razones que me llevaron a Bélgica hace ya unos cuántos añitos (concretamente en el 2002) y me centraré en el niñito en cuestión:
"Be careful! ... He is small! But he has no decency!" Así es la presentación inicial de la página web oficial del pequeño monumento, que se encuentra en la intersección de las calles Etuve y Chene de la capital belga. No son calles principales, pero es indiferente, pues los belgas, orgullosos de su símbolo más que del Atomium o de su parque "Le petite Europe", se han encargado de señalizarlo con banderolas, flechas y todo tipo de decoraciones, ya desde la Grand-Place, centro de la ciudad y concentración de todo tipo de turistas.
Son muchas las leyendas urbanas que se cuentan sobre la estatua. La verdad, ni los propios belgas la conocen. Se dice que Bruselas se salvó de una gran explosión que habría destruido toda la ciudad durante la segunda guerra mundial, porque un niño "meón" apagó accidentalmente la mecha que conducía a las cargas, permitiendo a los belgas descubrirlas y neutralizarlas. Repito que sólo es una leyenda urbana, puesto que la estatua tiene una antigüedad mayor.
No se sabe exactamente desde qué año existe, pero ya en la Edad Media, se cree que hubo una estatua similar en el mismo lugar, de la que, a días, manaba alcohol natural. Con el tiempo, la fuente sufrió deterioros y en 1619 se solicitó una estatua nueva, que fue sostenida en un pilar de 6 pies de altura, cubierta a salvo de inclemencias meteorológicas. Curiosamente, ya no emanaba alcohol de ella... Tras los bombardeos franceses, durante los cuales la estatua se protegió en un lugar seguro, se la volvió a colocar en el mismo pedestal, con una frase a sus pies: "Dios me ha puesto sobre esta roca, y ahora soy más fuerte que mis enemigos". Desde entonces, la estatua ha sido robada en varias ocasiones, y renovada por última vez en 1818. Durante el siglo XX, no se salvó de linchamientos y atentados, y fue robada por un grupo de estudiantes tras una apuesta... entre otras aventuras.
Estuve en Bruselas cinco días, y no sé quién era el gracioso que CADA NOCHE cambiaba al niñito de ropa, que cada día que salíamos a pasear por la ciudad, nos veíamos obligados a hacerle una foto nueva. No hay tienda en la que no se encuentre un souvenir típico con esta imagen. Si no la ves, es realmente porque no quieres. Tanto fue así que fue mi elegido para regalar a mis compañeros de trabajo a la vuelta del viaje. Compré 75 figuritas del niñito en total, en diferentes colores... Y no creáis que me gasté mucho, sino más bien lo contrario. Y no veáis qué bien quedé...
Puede que sea lo más ñoño de la ciudad, pero era, y con mucha diferencia, el punto más visitado por propios y extraños al país del norte de los quesos y el chocolate.
También en el centro de la ciudad, pero en otra dirección, escondido en un pasaje sin salida y oculta y sombría, encerrada entre rejas, se encuentra Manegrette Pis, la versión femenina de la misma estatua. Es decir, una niña meando. La razón es que las asociaciones gays y feministas de la ciudad, hace algunos años, coincidieron en pensar que el símbolo de la ciudad era muy machista y, alegando que podía haber sido perfectamente una niña quien apagara la mecha de la leyenda urbana, mandaron crear esta nueva versión, que colocaron en plena zona "rosa". Las autoridades de la ciudad no creyeron que el invento diera muy buena imagen al exterior y fueron desplazando la estatua hasta dejarla prácticamente invisible a los ojos de los turistas. Ante los continuos ataques por parte de la población defensora de la idea, y sus múltiples intentos por tenerla visible, decidieron "encerrarla" tras unas rejas, de las que no la pudieran sacar. Lo máximo que pudieron hacer, entonces, fue colocar una flecha diminuta en un rincón del edificio de la calle principal más cercana, indicando la dirección en que se podía descubrir la imagen, que parece ser venerada como si de una virgen se tratara. Cuando fuimos a verla, en efecto, había velas a los pies de la niña meona, que la convertían en una imagen bastante lamentable, pero que pasaba totalmente desapercibida si no se la buscaba específicamente entre los abarrotados restaurantes del centro de la ciudad.
Manneken Pis9
Valoración
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Accesibilidad
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Se tiene que ver
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Barato
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Si no se ha visto, no se ha visitado el monumento más representativo de la capital europea.