[28/04/2007] El edificio fue construido entre los siglos XVI y XVII, Elena Butragueño destaca la rehabilitación realizada, "que respeta y pone en valor todo lo que se ha podido conservar del edificio histórico". Convirtiéndose en un hotel, "antiguo por fuera y moderno por dentro".
Como elemento fundamental y más valioso está el Claustro Central, de estilo gótico flámigero, en donde "converge la mayoría de las zonas comunes".
Otras zonas que menciona la autora son: el ático, en donde hay "gimnasio con sauna y solarium para combatir el estrés", "sólo para clientes"; y el lobby, con zonas multiusos: salón con diversos ambientes, bar y punto de encuentro, situado "a pie de calle y con grandes ventanales".
De las habitaciones destaca su decoración y mobiliario; haciendo especial mención a las camas, que según la autora "son estupendas", "con un ligero dosel, luces de lectura y almohadas a la carta". Cuentan además con una zona de estar.
Los cuartos de baño están "bien equipados": lavabo en la zona de vestidor, "bañera y ducha independientes y mullidos albornoces".
En cuanto al restaurante, Elena Butragueño lo destaca "como otro de los atractivos del hotel", en poco tiempo "se ha situado como lugar de referencia en la gastronomía de la ciudad".
Su localización es privilegiada, el hotel está en pleno centro de Burgos, "a un paso de la catedral y a orillas del río Arlanzón", "a 80 metros del arco de Santa María".
En los alrededores, según Elena Butragueño, se puede "conocer un patrimonio impresionante": la catedral, el arco de Santa María, el monasterio de la Huelgas o la cartuja de Miraflores. También nos comenta la posibilidad de hacer "paint ball y outdoor training", que se puede contactar a través del hotel. Un poco más lejos, la autora nos aconseja visitar el Yacimiento de Atapuerca (a unos 7 km) y descubrir los cañones del Ebro y las Merindades.
Este relato es una interpretación de lo que el autor menciona arriba
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