Opinión detallada de LURDITAS
Hace ya muchos años que visité Italia, en lo que antes se mal llamaba "viaje de estudios", y en los que estudiar estudiabas bien poco tal y como se organizaban.
De aquel viaje recorriendo media Italia recuerdo con especial cariño Pisa y la villa de Asís por su belleza, pero sin duda lo que más me impresionó fue el Vaticano.
Nada más llegar te sorprenden sus gigantescas dimensiones, inapreciables por muchas fotos que hayas visto. Solo ver de cerca las columnas de la entrada a la basílica tre impresiona al compararlas con lo que en foto parece un pilarcillo de nada, cuando casi son del tamaño de una casa. Entrar a la basílica e intentar intuir el altar al fondo, o mirar sus altísimos techos, te hace comprender como la Iglesia quiso hacer aquello tan tremendamede inmenso para impactar a todo el que llegara hasta allí, ya sea con el propio poder de la Iglesia o con la idea de la divinidad de Dios.
Pasear por San Pedro hoy día poco tiene que ver con la intimidad necesaria para acercarse a Dios: miles de turistas de todas las nacionalidades posibles como desenfrenadas hormiguitas recorren todos los rincones de la iglesia, cámara en mano, mezclándose con cientos de sacerdotes y religiosas con sus hábitos correspondientes que pululan por todas partes. Laterales llenos de confesionarios con cartelitos mostrando el idioma en que puedes recibir el sacramento - decenas de idiomas-, y arte, mucho arte, por todos sitios.
De entre las obras de arte presentes, La Piedad de Miguel Ángel sobresale de entre todas las demás: la belleza de sus líneas y la expresividad del rostro de la Virgen aporta una imagen serena, que en este mundo en que vivimos contrasta con los guardias que la custodian a su lado permanentemente, junto a la barrera que tiene delante para que los turistas no puedan acercarse a menos de unos cinco metros. Pero merece la pena hacerse un hueco entre las decenas de visitantes para acercarse y contemplar esta gran obra maestra.
Una vez recorrida la basílica, y subido al mirador que hay sobre ella desde el que se aprecia toda la magnitud de la plaza de San Pedro, una visita indispensable son los museos vaticanos, que reunen la mayor colección de arte del mundo. De hecho son tan grandes que al entrar puedes escoger entre varios recorridos marcados con colores, en función del tiempo que quieras dedicarle. Creo recordar que el más corto era de una hora, y el más largo de cuatro. Todos ellos te llevan en algún momento a la capilla Sixtina, que es el plato fuerte de la visita. Algo impresionante que ningún aficionado al arte puede dejar de ver.
A pesar de ser yo una persona creyente, creo que en ningún sitio como en el Vaticano puedes sentir a Dios tan lejos de los mortales al ver el despilfarro de dinero y prepotencia que la curia ha ido recopilando en este lugar. No obstante es una opinión personal mia, porque cierto es que cientos de creyentes pululan entre los turistas haciendo muestras evidentes de felicidad y alegría por encontrarse junto a la sede pricipal de la Iglesia Católica, y la residencia del Papa, al que siente cerca aunque no vean.
Creo que visitar el Vaticano es algo imprescindible, ya sea por curiosidad, por interés artísitico, o por ver lo que se cuece y ha cocido en el principal centro religioso de occidente desde hace siglos. En cualquier caso, no te dejará indiferente.
Basílica de San Pedro del Vaticano10
Valoración
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Accesibilidad
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Se tiene que ver
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Barato
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Ambiente
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Arquitectura