[02/05/2007] Gallardo analiza la conveniencia de abrir un hotel a manos de un restaurador, cuando lo habitual es el caso contrario, comenta que Rafael "Carrillo hijo le acaba de añadir.. ..la almohada" al "restaurante más importante de Córdoba: El Churrasco".
"Entre jazmines y arrayanes, gitanillas colgantes y guedejas de buganvillas trepadoras", eso es lo que acompaña a la entrada del hotel según Gallardo, medio ocultándolo, pero al menos con clase, "de seda y flores" dice.
Respecto a las instalaciones generales, Gallardo ahonda en la composición de "patios, escaleras, pilares, capiteles y abundante trastería barroca" y conjuntamente señala rasgos romanos y califales a la par de otros rasgos más de cuño tecnológico acoplados al ambiente (véase la pantalla plana de televisión en la sala de estar).
Las habitaciones son de decoración variada ampliamente recargadas ("Doseles, grecas, estarcidos, volutas, rosetones, pasamanería de oro, espejos, candelabros, apliques de abanico, alfombras orientales...) prueba de su estilo Barroco y con la singularidad de estar dedicadas a diversos pintores y escultores cordobeses.
Al margen de este detallismo visual las habitaciones poseen "lechos confortables, baños impolutos, ordenador personal con Internet gratis y, sobre todo, un servicio cumplidor y sinceramente amable".
Cabe mencionar que Gallardo ve como pegan los desayunos ("escasos y sin matices"), haciendo hincapié en la proximidad de una restauración alabada por la crítica.
En los alrededores destaca la judería de Córdoba (en mayo), que hace interesante el deambular por las calles. Otras atracciones en las cercanías son, para Gallardo, "el museo taurino de Córdoba", "el zoco, la sinagoga..." y la Mezquita, "el monumento cordobés por antonomasia".
Este relato es una interpretación de lo que el autor menciona arriba
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