Opinión detallada de oakhill
oakhill
Los Villares, España96%
He estado varias veces en el Jardín Botánico de Córdoba y en diferentes épocas del año, y aunque cada estación tiene su encanto, creo que se disfruta más yendo en primavera, cuando el abanico de colores que ofrecen las diversas flores hacen que el paseo tenga más aliciente.
Partiendo desde la entrada hacia la derecha, lo primero que encontramos es la Escuela Agrícola, uno de mis rincones favoritos. Esta área está dedicada al cultivo de especies comestibles y de interés económico, tales como hortalizas; árboles frutales; plantas aromáticas, medicinales o de uso cosmético. No sólo me gusta por la variedad de plantas útiles, sino porque en primavera suele estar acompañada por algunas mariposas, y la zona de frutales, por los pájaros.
Adyacente a la Escuela Agrícola, y en un espacio más reducido, está el Jardín Tacto-Olfativo. Tiene ejemplares que deberían ser reconocidos por su olor y por su tacto, como dice su nombre, pero en honor a la verdad, cuando se disfrutan de todos los sentidos plenamente, nos suele pasar desapercibido el hecho de que resulte útil a una persona que no goce del sentido de la vista.
Frente al Jardín Tacto -Olfativo hay un gran paseo con una fuente octogonal en medio y cuyo habitante más importante es una Cycas revoluta centenaria.
Este paseo está rodeado de naranjos, así que en la época de floración es un lugar muy atractivo para quien guste de los olores florales cítricos.
A continuación, los invernaderos, que están divididos en módulos, dos de ellos dedicados enteramente a la flora canaria y con condiciones de humedad especialmente acondicionadas para estas plantas. Aunque es un sitio muy bonito por el tipo de vegetación que recoge, a veces resulta bastante agobiante incluso para quien esté acostumbrado a altos niveles de humedad ambiental. Interesante, pero para entrar y salir. Cuidado con las cámaras fotográficas "delicadas", éste no es su sitio.
Otros módulos están ocupados por representantes de otras familias dignas de ver, tales como las cicadáceas (son plantas muy primitivas y que actualmente están despareciendo de su medio natural), helechos, cactáceas y plantas crasas (también de mis favoritas).
Frente a los invernaderos, del otro lado de la fuente, se encuentra el edificio central. Aquí es donde se alberga la biblioteca, la zona de administración y el Herbario del Botánico, con una colección de alrededor de 80.000 pliegos de plantas prensadas.
La siguiente zona es la Escuela Botánica. En ella sólo hay ejemplares de flora autóctona española.
A su lado, el Museo de Etnobotánica, un edificio con tres salones de exposición permanente en donde podemos aprender un poco más sobre la historia y evolución del cultivo de plantas en el mundo. Es interactivo, aunque bastante sencillo, pero muy agradable, y rompe con la "monotonía" del paseo entre las plantas del jardín.
Al salir del Museo encontramos otro edificio con una colección de especies cada vez menos desconocidas para los visitantes, es el Invernadero de Flora Americana.
Está dividido en tres módulos según el tipo de plantas que alberga: plantas xerófitas, de clima cálido y de clima templado-húmedo). Aquí se encuentra una bonita y variada muestra de ejemplares muy vistosos y singulares como orquídeas, bromelias, cactus, frutales y otras especies ornamentales y de interés económico provenientes del continente americano.
Frente al Invernadero de Flora Americana hay un área dedicada a la reproducción y mantenimiento de plantas, que por los menos las veces que yo he estado en el Botánico, no está abierta al público, ya su lado, un pequeño edificio que es el Banco de Germoplasma (allí se guarda material genético para garantizar la conservación de especies vegetales).
Volviendo a la entrada del Botánico, esta vez dirigiéndonos hacia la izquierda, se encuentra la Rosaleda, cuyo nombre ya indica al visitante el tipo de plantas que alberga. Aquí también hay una pequeña tienda para adquirir libros, postales, recuerdos y artesanía (mucha de ella realizada con materiales reciclados), una cafetería y un área de recreo o descanso ideal para descansar a la sombra de un frondoso árbol mientras se escucha el trinar de los pájaros.
Siguiendo siempre hacia a la izquierda está el Arboretum. Es quizás la zona del Botánico que ofrece más sensación de quietud, probablemente por su sendas verdes salpicadas de pequeñas flores cobijadas por majestuosos árboles. Especies interesantes: todas, pero muy especialmente el Ginkgo biloba y un enorme Ombú.
Cruzamos un pequeño puente para entrar en el Museo de Paleobotánica, en lo que antes fue un molino de agua. Tiene una interesante colección de piezas fósiles que muestran la evolución de la flora alrededor del mundo.
Aunque parezca un paseo largo, vale la pena realizarlo aunque sea por partes.
La entrada es de apenas 2 € para los adultos, y de ahí para abajo según sean niños, grupos... Alguna vez el Botánico hace una jornada de puertas abiertas para los lectores (basta con llevar un libro para leer dentro del jardín) y por algunas otras actividades que no me vienen a la memoria, así que no hay excusa para no visitarlo.
Sin duda es un paseo que pienso repetir muchas más veces y que recomiendo ampliamente.
Jardín Botánico de Córdoba9
Valoración
-
Accesibilidad
-
Se tiene que ver
-
Barato
-
Arquitectura
-
Diversidad de plantas