Opinión detallada de bezudo
Jose Luis Perales llamó a uno de sus discos Nido de Aguilas. Su nido es Cuenca y el viajero que llegue a esta ciudad enseguida sabrá porqué.
Para tomar conciencia plena del motivo que le llevó a Perales a definir de tal forma a su ciudad opino que no hay lugar más idóneo para averiguarlo que el Barrio del Castillo.
La subida podemos hacerla a pie realizando una ruta turística por la Hoz del Huécar para luego descender por la otra Hoz del Júcar.
También podemos subir en autobús o en vehículo particular y dejarlo en el aparcamiento público, en el más alto de los dos.
La percepción inmediata es comprobar como la agreste naturaleza llega hasta las mismas puertas de Cuenca, no hay que ir más lejos para sentirla.
Veremos las primeras viviendas de la ciudad que conforman el Barrio del Castillo como un pequeño pueblo serrano con casas de una y dos plantas con tejados a dos aguas, como un suburbio aislado de la ciudad.
Desde este punto obtenemos las mejores vistas sobre Cuenca. Hay una fotografía infinitamente repetida: la perspectiva del Parador con las Casas Colgadas a su vera en la majestuosidad de la hoz y la ciudad al fondo.
La otra hoz no es menos impresionante. Tenemos una vista inmejorable de las faldas del cerro de la Majestad, el curso del rio y su Playa Artificial.
Recomiendo tomar un refresco en algunos de los bares de esta barriada, yo entraría en El Caserío (por la noche el pub El Mirador tiene un gran ambiente, trata de coger mesa en la terraza de su ático)
Tienes en las inmediaciones un camino que lleva a una de las pocas ermitas existentes extramuros, la de San Isidro, que cuenta con cementerio propio en el que están enterrados los restos del Cabildo Catedralicio y miembros de la Hermandad del Santo además del popular humorista Jose Luis Coll. Como curiosidad conviene saber que hay una colección visitable de cadáveres momificados.
Descendiendo unos poco metros nos encontramos con los muros que defendían la ciudad, o lo que queda de ellos. En este punto se juntan las dos vertientes del Huécar y Júcar, es el sitio más estrecho del farallón rocoso sobre el que se asienta Cuenca.
El visitante ya se habrá dado cuenta de que no hay castillo. Los Reyes Católicos lo desmocharon, las tropas francesas dinamitaron en 1812 casi todo lo que quedaba y el tiempo terminó por borrar su huella.
De aquella fortaleza árabe solo queda un torreón, dos cubos cuadrados, lienzos de muralla junto a la entrada y la magnífica puerta de acceso a la ciudad llamada Bezudo, restaurada en el siglo XVI, con arco de medio punto y escudo con toisón sobre él.
El curioso nombre procede del hijo del Ricohombre de Castilla y primer Corregidor de Segovia en 1085 Rodrigo Gutiérrez Bezudo, llamado Gutierre Rodriguez Bezudo que asistió a la conquista de Cuenca. Vengó la muerte de su hermano Pedro saltando dentro del muro, desde la bastida en el que iban él y otros soldados, por cuya causa le llamaron el caballero Bastida.
Se mantiene intacto el foso labrado en roca viva que defendía la ciudad y sobre el que se tendía un puente levadizo.
Son las piedras más antiguas de Cuenca. El origen de la plaza que antes que ciudad fue castillo.
En recientes excavaciones y restauraciones han aparecido cimientos, galerías, pasadizos y cerámicas expuestas en el Museo de Cuenca. Han habilitado la escalinata a los adarves desde los cuales se obtiene una vista privilegiada a las dos hoces simultáneamente.
Pasado el arco y a la derecha se encuentra actualmente un aparcamiento al aire libre fruto de las obras que a principio de los 70 se hicieron con el propósito de levantar un parador nacional, idea que, afortunadamente, no prosperó.
A la izquierda hay un gran edificio insulso, antipático, al que los conquenses seguimos llamando Cárcel. Nada tiene que ver con el antiguo castillo, se levantó como sede de la Santa Inquisición el 7 de diciembre de 1583, las tropas napoleónicas también lo volaron y posteriormente se utilizó como cuartel durante las guerras carlistas. En 1890 es reformado y convertido en cárcel civil hasta la década de los 70. Hoy día, y desde 1991, es sede del Archivo Histórico Provincial.
Son restos del nacimiento de la ciudad, ¡si las piedras hablaran!
El Castillo con la Muralla y el Arco de Bezudo10