Opinión detallada de bezudo
Hay un río al que inevitablemente hemos de cruzar en nuestra visita a Cuenca. El Huécar abraza maternalmente a la ciudad hasta su unión con su hermano mayor Júcar.
Las paredes rocosas que pacientemente ha labrado con el pasar de los años, sirvieron de muralla natural a los antiguos habitantes. Cuando los peligros de asaltos e invasiones pasaron y la ciudad creció, los edificios se levantaron al otro lado del río.
A uno de los portones de salida de Cuenca, la Puerta de Valencia, de la que únicamente queda su nombre y un lienzo de muralla un poco más arriba, el Huécar le besa los pies.
En su otra orilla los Templarios levantaron su casa. Estos monjes guerreros tuvieron prebendas por su participación (aunque no tan significativa como la Orden de Santiago) en la conquista de Cuenca ocurrida en 1177.
El margen del río fue ser un vergel cuyas huertas producían generosamente cuantas frutas y hortalizas necesitaba la población. No cuesta imaginar el remanso de paz que debió ser.
Actualmente confluyen en el pequeño puente que salva el río en la Puerta de Valencia la calle que desciende del casco histórico Alonso de Ojeda, la que continúa por la parte nueva Las Torres, la que acompaña el Huécar en su descenso Los Tintes (por que ahí vivieron y trabajaron los tintoreros) y la que viene del nacimiento del río, carretera de Palomera, que pasa junto al Parador Nacional, Casas Colgadas y Auditorio.
No es extraño encontrar sentado en los muretes del puente algún ocioso viendo la vida pasar.
A su lado se funda el conjunto conventual de las Concepcionistas en 1504 gracias a los desvelos de Alvaro Pérez de Montemayor, canónigo de la catedral toledana y hermano de Juana de San Miguel y del arcediano Juan Pérez de Cabrera.
El edificio lo conforman grandes lienzos de mampostería con huecos altos rectangulares. Su patio interior distribuye las diferentes dependencias del convento. En la portada barroca de la iglesia destacan los capiteles de las dos columnas con figurillas caprichosas, el escudo de su fundador y el campanil de doble arcada.
Es el único convento de monjas extramuros.
En el siglo XVIII la iglesia fue rehecha por el arquitecto José Martín de Aldehuela, autor del famoso Puente Nuevo de Ronda.
En el año de la Guerra Civil de 1936 el interior del templo fue salvajemente destruido del que se conservan los cimientos de su planta elíptica.
Actualmente sirve de sala de audición para algunos de los conciertos de la famosa Semana de Música Religiosa.
Su típica fachada rosácea preside un rincón que, aun desprovisto de sus antiguos huertos, el Huécar se empeña en seguir arrullando.
Monasterio de la Concepción Francisca7