Escribir sobre la Semana Santa de Cuenca es complicado ¿cómo opinar sobre el sentimiento de un pueblo?
No se trata de una celebración que, llegados sus días, se hacen los preparativos, se festeja y se olvida hasta el año que viene; el nazareno conquense lo es durante todo el año.
La Semana de Pasión en Cuenca es de 365 días porque no se trata de un acto improvisado o aislado, la devoción del penitente que soporta el peso de las andas o del que camina escoltándola en ordenadas filas vive con fe el Misterio en su vida diaria.
Ningún otro evento despierta tanto fervor entre la mayoría de los conquenses, las publicaciones de libros relacionados con su Semana Santa se renuevan año tras año, las noticias en prensa, radio o televisión al respecto se suceden independientemente del mes que sea, son varias las exposiciones fotográficas o de pinturas nazarenas que se celebran, la recién creada Escuela Nazarena, el Museo de la Semana Santa por no hablar de la reconocidísima Semana de Música Religiosa, independientemente de los múltiples actos propios y directos semanasanteros de los organismos organizadores de la misma como la Junta de Cofradías, Hermandades, Obispado, Parroquias, Ayuntamiento, Diputación Provincial y Subdelegación de Gobierno.
Cada año, como un templo vivo, Cuenca se transforma en Jerusalén y sus calles muestran el Calvario que padeció el Redentor. Al escenario de sus empinadas calles empedradas iluminadas por la mortecina luz amarillenta de su casco antiguo, se añade el respetuoso y solemne silencio de los espectadores que ven pasar ante sus ojos pasos de expresividad dramática hecha arte. Las caras, las miradas, los gestos, las palabras mudas que brotan de los labios de todas y cada una de las imágenes reflejan la divina Pasión que han sabido captar con maestría artistas talladores de la importancia de Martínez Bueno, Collaut Valera, Tomás Marqués y por supuesto Luis Marco Pérez.
Los pasos muestran también sus mejores galas, mantos de terciopelo bordados en oro y plata sobre tapices de flores recién cortadas, faroles, guiones, cetros, palios, no obstante no son de una enorme espectacularidad por dos motivos, uno, porque todos se llevan a hombros (no sobre ruedas) por las empinadas calles subiendo hasta la Plaza Mayor y dos, porque obligatoriamente han de pasar por la calle del Peso, una estrecha callejuela en ángulo recto que pone a prueba la habilidad de los banceros para poder pasar las imágenes. Este es un sitio privilegiado para observar el desfile procesional y poder decir: -por el Peso el paso pasa-.
En la cumbre del Cerro de la Majestad, la gólgota conquense, tres solitarias cruces presiden la ciudad.
Los cortejos procesionales son precedidos por la Banda de Cornetas y Tambores de la Junta de Cofradías e intercalados entre los diferentes pasos ponen la nota musical las Bandas Municipal, Moteña, de Las Mesas, La Concepción, de Onil, de Pozuelo de Alarcón, Munera, Siete Aguas, Villar del Arzobispo echándose de menos este año la de Tarancón.
También actúan en puntos concretos del recorrido los coros de Alonso Lobo, de la Catedral, de la Soledad de San Agustín y su Escolanía y la de la Diputación que es la honrada en interpretar, desde las escalinatas de la Iglesia de S. Felipe Neri al paso de las imágenes, el canto piadoso genuino que marca una de las muchas diferencias de esta Semana Santa, el emotivo Miserere que estremece los corazones, anuda las gargantas y arrebatan el alma bajo un silencio sepulcral, símbolo musical que concentra el drama de la pasión conquense.
Otra es también la única que acontece en toda España y por extensión en el Mundo.
En la procesión Camino del Calvario de la madrugada del viernes sucede un hecho insólito, algo que rompe todas las normas y que en nada parece tener que ver con toda la carga mística de la que hemos venido hablando: una turba de miles de gentiles nazarenos claman desaforados la muerte de Cristo ¿Cómo puede ocurrir esto?
Después de haber finalizado la procesión del Jueves Santo es costumbre que los hermanos cofrades de las diferentes hermandades se reúnan en grupos para cenar unidos haciendo tiempo hasta unas horas antes de la amanecida y dirigirse a la Iglesia del Salvador para sacar al Jesús Nazareno. Visten únicamente la túnica de su hermandad y van provistos, a su libre elección, de un tambor ronco y un clarín sordo, ambos enlutados. Cuando dan las cinco y media y la puerta del templo se abre, la turba apelotonada rompe el silencio con una estruendosa tamborada y clariná dirigida al Jesús que arrastra la cruz camino del Gólgota. La muchedumbre precede durante todo el recorrido al Nazareno, con los clarines y los tambores destemplados se burlan de la víctima inocente y piden sin piedad su crucifixión. El Cristo desamparado avanza como cordero al matadero entre las mofas de los pecadores.
Siendo como es una escenificación del pasaje bíblico pocos visitantes llegan a comprender el sentido de las Turbas o, mejor dicho, del sentir íntimo del turbo que expía sus culpas y ahoga el llanto por la muerte próxima de su Jesús golpeando con rabia el tambor y echando los bofes por la corneta.
Gente ajena a esta comprensión, incluso de la misma provincia, han pretendido mezclarlo con sinónimos de fiesta y alcohol que en nada tienen que ver.
HERMANDADES Y RECOMENDACIONES
Las primeras procesiones tienen lugar en el siglo XVI cuando los gremios de trabajadores se unen en hermandades en torno a las catorce parroquias, veinte ermitas y nueve conventos que había entonces. Los primeros fueron la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, la Vera Cruz y Sangre de Cristo que han desembocado en las treinta y dos hermandades actuales.
La semana más grande de Cuenca se inicia el Domingo de Ramos con la procesión del Hosanna de la Venerable Hermandad de Jesús Entrando en Jerusalén, la llamada popularmente Borriquilla. Es interesante ver la impaciencia de los nazarenos los momentos previos en la iglesia de S. Andrés, la bendición de los ramos de olivos en S. Felipe Neri y la llegada a la Plaza Mayor entre palmas y olivos.
El lunes tiene lugar la procesión Penitencial de la Vera Cruz organizada por la Venerable Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, teniendo como momentos destacables la salida de la imagen de la Catedral en absoluto silencio y su paso por la calle Solera envuelto en misticismo.
La procesión de El Perdón sale el martes de la iglesia del Salvador organizada por las hermandades de S. Juan Bautista, del Bautismo de Ntro. Sr. Jesucristo, del Santísimo Cristo de la Luz, de la Esclavitud de Jesús Nazareno de Medinaceli y la de María Santísima de la Esperanza con la novedad este año de las trompetas heráldicas anunciando el paso de S. Juan Bautista.
El miércoles tiene lugar la procesión de El Silencio que organizan las hermandades de la Santa Cena, de Jesús Orando en el Huerto, del Prendimiento de Jesús, la Religioso Benéfica de Excombatientes de San Pedro Apóstol, de la Negación de San Pedro, del Santísimo Ecce Homo de San Miguel y la de Ntra. Sra. De la Amargura con S. Juan Apóstol en el que es recomendable ver el baile de las andas bajo los arcos del Ayuntamiento o en las curvas de la Audiencia.
La procesión de Paz y Caridad sale el jueves organizada por las hermandades de Ntro. Padre Jesús Orando en el Huerto, Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna, Ntro. Padre Jesús con la Caña, del Santísimo Ecce-Homo de San Gil, de Ntro. Padre Jesús Caído con la Verónica, de Ntro. Padre Jesús Nazareno Del Puente y la de Ntra. Sra. de la Soledad Del Puente de la que no hay que perderse el paso sobre el puente de S. Antón y percatarse del tintineo de la campanilla del Cristillo que es la misma que acompañaba a los reos condenados a muerte.
El viernes, a la madrugá, se inicia la procesión Camino del Calvario organizada por las hermandades de Ntro. Padre Jesús Nazareno de El Salvador, de S. Juan Evangelista y la Soledad de S. Agustín en la que participan Las Turbas y de la que no había que perderse el martilleo sobre el yunque de la fragua en Alonso de Ojeda, la clariná en el Puente de la Trinidad o el cambio al silencio sepulcral durante la entonación del Miserere en S. Felipe Neri.
Al mediodía se inicia la procesión En El Calvario organizada por las hermandades del Santísimo Cristo del Perdón, del Santísimo Cristo de la Agonía, del Santísimo Cristo de la Luz, del Santísimo Cristo de la Salud y por la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias de la que hay que ver el difícil paso por la calle Peso y sobre todo, la exposición que se monta durante el intermedio en la Plaza Mayor con todas las imágenes reunidas, auténticas obras de arte.
A las 21 h. comienza la procesión del Santo Entierro organizada por las hermandades de la Cruz Desnuda de Jerusalén y por el Muy Ilustre Cabildo de Caballeros y Escuderos de Cuenca de la que destaca el sepulcral silencio que la acompaña en todo su recorrido en la que solo se oye el crujir de los maderos, incluso las horquillas llevan gomas para silenciar el martilleo. La acompañan todas las hermandades y autoridades religiosas, civiles y militares. Destacar también el desfile de los caballeros y escuderos, la nobleza conquense.
Es costumbre antiquísima visitar a la Virgen de las Angustias en su ermita para acompañarla en el dolor por la muerte de su hijo.
La última procesión es la del Encuentro que está organizada por la hermandad de Ntro. Sr. Resucitado y María Santísima del Amparo y su momento irrepetible es el encuentro en la plaza Canovas de la Virgen enlutada y su hijo resucitado al son del Himno Nacional, la suelta de palomas y el baile de las andas.
Poder asistir a una Semana Santa de Cuenca es una experiencia mística que, opino, sea creyente o no, debería contemplarse al menos una vez en la vida porque, como dijo el pregonero Miguel Romero: - El espectáculo es asombroso: un pueblo entero rompe el ritmo de sus tareas cotidianas, abandona sus entretenimientos y se recoge en sí mismo para contemplar y clavar en su sangre la figura de Cristo quebrantado. Cuenca, como una ciudad prendida del cielo, toda ella en estos días es un dilatado Calvario-.