[19/09/2007] La autora comienza describiendo la Posada de San José como "el redil de la austeridad, de la sencillez, del silencio", "la puerta de entrada al reposo y al olvido".
Después comenta brevemente la historia de la posada, describiéndola como "acogedora" y "hermoso refugio colgado".
Según ella, "merece la pena contemplar de madrugada el paisaje" desde el balcón, aunque recomienda madrugar para "disfrutar del desayuno" consistente en "café de puchero" y "tostadas de pan de pueblo". Informa de que el restaurante, también ofrece "comidas caseras" y recomienda el mortuelo.
Destaca que en la posada están permitidos los animales y que pasar unos días en ella "significa respirar paz y dejarte embelesar por la ténue luz que se difumina, sinuosa, cuando el día deja paso a los rayos misteriosos de la luna, que dormitarán sobre el vertiginoso y atractivo paisaje encantado".
Por último, recomienda algunos puntos de interés turístico en los alrededores.
Este relato es una interpretación de lo que el autor menciona arriba
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