Opinión detallada de yorch84
yorch84
Vitoria-Gasteiz, España98%
¡¡Hola a todos!!
Va a hacer un par de años de mi estancia en la ciudad de Cuenca y en esta ocasión os quería comentar mi experiencia en este restaurante. Durante mi trayecto por la ciudad de Cuenca, y después de estar viendo las casas colgadas desde el puente de San Pablo nos adentramos de nuevo a la ciudad de Cuenca y más bien por las horas que eran y por la llamada del estómago nos decidimos a comer en este restaurante.
El restaurante se encuentra situado en el centro de la ciudad, muy cerca de la catedral, del Ayuntamiento, de museos y de numerosos atractivos turísticos que tiene la ciudad de Cuenca. Se ubica en mitad de unos pequeños callejones predominando el paisaje de las casas de piedra lo que le da un aspecto muy bonito al lugar, un lugar mágico, distinto al que se puede ver en una ciudad.
En la entrada había un tablón con el precio del menú, unos 17 €, los primeros platos y los segundos y nos informaba que estaba incluido el pan, el postre y la bebida. Anteriormente a ver este tablón, supusimos que el precio no sería muy barato al estar el restaurante donde se encontraba, ya que se ubica dentro de las casas colgadas, uno de los símbolos más importantes y más conocidos que tiene la ciudad de Cuenca, pero la verdad que el precio del menú nos sorprendió gratamente porque no era para nada excesivo sabiendo dónde se encontraba el restaurante y además los platos, para mi gusto, eran bastante apetecibles, así que nos animamos a entrar.
He de decir que la verdad que llegamos un poco tarde, quizás más cerca de las 16:00 horas que de las 15:00 y faltaba una media hora para que el restaurante estuviera cerrado pero aun así nos atendieron de maravilla. El local consta de dos plantas, en su día la planta de abajo era para fumadores y en la planta superior era para no fumadores, nosotros estuvimos en esta segunda que acabo de nombrar.
El acceso a la segunda planta se accede desde unas escaleras un tanto estrechas y al llegar arriba comprobamos lo chic que es este restaurante. Deciros que los baños se encuentra en la parte baja de las escaleras y son muy pequeños, la verdad, pero bueno cumplen su función. El comedor era un tanto grande, con numerosas mesas perfectamente vestidas con manteles blancos y unas sillas de color negro. En las paredes se podía apreciar algunos cuadros de personajes, no se si históricos, pero eran los típicos cuadros de personajes antiguos con el atuendo de aquella época y las paredes estaban perfectamente pintadas de blanco.
No se si por la hora o por el restaurante en sí, pero solo había dos mesas ocupadas. En una de ellas había como unas seis personas y en otra mesa una pareja. Sorprendentemente las mesas que estaban pegadas a la terraza de las casas colgadas, estaban sin ocupar, así que nos sentamos allí. Las vistas eran totalmente increibles, aunque la valla de madera del balcón de las casas colgadas impedía un poco esa visión, las vistas seguían siendo dignas de admirar. Desde la mesa se veía perfectamente el puente donde hace unos minutos habíamos estado, el parador de Cuenca y la pequeña montaña rocosa situada justo en frente.
Enseguida nos atendió un chico, un camarero bien vestido y muy educado. Nos entregó la carta para que eligiéramos nuestros platos, pero bueno, nosotros ya habíamos pensado en los platos del menú. De primero yo elegí unos espaguetis a la carbonara que para mi gusto sabían mucho a huevo, pero estaban riquísimos. Lo que me sorprendió fue el diseño de los platos, en mi caso, el plato de espaguetis estaba en un plato enorme que tenía una especie de cuenco en donde a simple vista parecía que la ración de espaguetis era más bien escasa, pero no fue así porque toda la comida se encontraba en el hondó del plato, como si fuera un pozo. Pedí un poco de queso rallado para la pasta y me lo proporcionaron enseguida con un cuenco pequeño y una cucharilla para servirme. Para beber pedimos una botella de agua fría y en cuanto al pan, el camarero nos sirvió dos trozos en unos platos pequeños que nos acompañaban a los lados.
De segundo yo me pedí un plato de carne que incluía unas patatas fritas y unas pocas verduras. La carne estaba exquisita y lo que más me gustó de ella fue la sal de escamas que le echaron por encima lo que le dió un sabor mejor aún. Llegó el momento del postre y fue cuando el restaurante me sorprendió ya que apareció el camarero con un quitamigas, que no lo había visto en mi vida. En un primer momento pensé que era ahí donde había que dejar el dinero, menos mal que el camarero actuó enseguida quitando las migas y no hice el ridículo. De postre me pedí un helado de vainilla y nata perfectamente decorado el cual nuevamente estaba bastante bueno.
Por lo demás, tengo que decir que salí muy contento de este restaurante. Me gustó mucho la comida y con esas hermosas vistas la comida sienta aun mejor. No salí para nada con hambre ni tampoco con la sensación de estómago pesado, así que muy bien. El servicio del camarero fue bastante correcto y con un trato bastante amable.
Sinceramente os lo recomiendo, más que por la comida, que estaba bastante buena, por la oportunidad única de comer dentro de las casas colgadas.
Un saludo a todos y gracias por leerme y valorarme.
Mesón Casas Colgadas10
Valoración
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Accesibilidad
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Se tiene que ver
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Barato
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Ambiente
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Clientes
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Cocina
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Servicio