Opinión detallada de igor
He tenido la suerte de viajar por unos cuantos países y por unas circunstancias o por otras, unos te sorprenden más que otros. Hay sitios o monumentos que los has visto tantas veces por televisión que cuando los ves en vivo no te llaman la atención o al contrario, te parecen mucho mejores. Lo que jamás me imaginé fue la impresión que causó en mí visitar Playa Flamenco.
Llevaba más de tres años en Puerto Rico yendo a la playa algunos fines de semana y sobretodo en Semana Santa, y no conocía esta playa. Mucha gente me había hablado de ella y como ya había visto muchas playas bonitas, en la isla, la verdad es que nunca le dí mucha importancia. Traté de ir un par de veces. En una ocasión perdimos el ferry y en otra, no salió por el mal tiempo. Yo vivía feliz sin conocer esta playa... hasta que llegó la ocasión.
Gracias a una visita que tuvimos, organizamos todo para ir a la tal famosa playa. Si os digo la verdad yo iba con la sensación de ir a la playa, como muchas otras veces. Montamos en el ferry, porque Flamenco se encuentra en Culebra, una islita pegada a Puerto Rico. Cuando llegamos, cogimos un taxi y llegamos hasta el aparcamiento de la playa.
Para entrar a la playa pasas por un pequeño tablado de madera y comienzas a ver el mar a lo lejos, de un color que yo jamás había visto. El azul más impresionante de los azules. Según te vas acercando, vas viendo la arena, limpísima, de un color blanco espectacular , haciendo un precioso contraste con el mar. Llegué a la playa, y como en las películas, me quedé parado como un bobo soltando los trastos de las manos.
¿Había llegado al paraíso? No dejaba de mirar el mar y la arena, sólo era eso, mar y arena, pero jamás había visto algo así. Es difícil explicar lo que impresiona ver un sitio así. La temperatura era perfecta (luego subió hasta el infierno), con una brisa muy agradable y el mar como un plato, escuchando el poco ruido que hacían las olas.
El resto del día lo pasé como un niño de 6 años. Me metí cincuenta mil veces en el agua, me rebocé en la orilla otras tantas, entraba corriendo al agua, salía, me tumbaba...en fin.....No hace falta decir que el agua era cristalina como ninguna. Con el agua al cuello te veías los pies de lo limpia y clara, a una temperatura buenísima.
Es bastante grande y no suele haber mucha gente entre semana. Los fines de semana está algo más llena, pero como sólo salen dos ferrys a la mañana y dos a la tarde, la aglomeración es imposible.
La playa está muy limpia, Parques Nacionales se encarga de ella, y junto al estacionamiento hay duchas, baños y algún puesto de comida. La arena es muy finita, y ya os digo, que como un niño de 6 años, la cogía constantemente y la pasaba entre mis dedos.
Os juro que no exagero. Estaba ante lo que llaman una playa paradisíaca, pero jamás pensé que me pudiera impresionar, sorprender y emocionar tanto una playa, por muy paradisíaca que sea.
Flamenco10
Valoración
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Accesibilidad
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Se tiene que ver
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Barato
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Playa (tamaño)
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Playa (limpieza)
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Playa (espacio)
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Calidad del mar