Opinión detallada de CARACOLA
CARACOLA
Algorta, España99%
Cuando fui a Turquía en Agosto del 2.007, una de las cosas que tenía claro pensaba hacer, era ir a un Hamman. Preguntamos al guía y nos recomendó esperar a llegar a Estambul que allí podía recomendarnos uno de lo más auténtico.
Fuimos un grupo de unos 10 personas, nos recibieron con la habitual cordialidad árabe y tras los saludos de rigor, nos dieron las llave de unas taquillas y pasamos a una habitación donde tras quitarnos la ropa, nos dieron unas toallas. Dejamos todas nuestras pertenencias en la taquilla, incluido reloj, bisutería etc.. y de ahí ya pasamos al interior.
Nunca había visto un Hamman y me sorprendió bastante. Era una sala grande con paredes de azulejos muy bonitos y una gran piedra en el centro que parecía echar humo. En el ambiente se respiraba humedad, con el vapor claramente visible en toda la estancia. Al tocar la piedra vi que estaba ardiendo y cuando nos indicaron que nos tumbáramos en ella pensé si querían achicharrarnos vivos. Pero no. Inmediatamente dos empleados echaron agua fría sobre la piedra y entonces ya nos tumbamos. La sensación es muy placentera, pues el calor de la piedra, que obviamente se siente, está amortiguado por el agua fría que cada poco van añadiendo y que al caer sobre el mármol produce vapor.
Estuvimos como 10 o 15 minutos ahí relajados, y luego fuimos pasando de cuatro en cuatro, a ponernos en manos de los masajistas ( De cuatro en cuatro porque ese era el número de masajistas que había). Hicimos unas risas porque mientras estábamos tumbados observamos que uno de ellos daba unos masajes con tal fuerza que podías acabar destrozado y nadie quería ir con él, pero yo que para esas cosas soy un poco osada y un tanto bruta, me ofrecí voluntaria.
Si la piedra caliente me pareció relajante y fantástica, el masaje me encantó. Lo dan primero con una especie de guante o esponja un tanto áspero, para abrir los poros bien según me dijeron, y luego con trapos fuertes que van empapando en agua jabonosa. No olvidemos que el Hamman es un baño no solo relajante, sino que su principal función es limpiar el cuerpo.
De ahí creo recordar que nos dimos una ducha y volvimos a la piedra de nuevo, pero eso no lo tengo tan claro. Lo que si recuerdo con exactitud es que luego nos lavaron las cabezas en un rincón donde tenían unas jofainas con agua tibia y otras con agua jabonosa. Hubo algunos que no quisieron este lavado, pero yo quería probarlo todo y me alegro, porque fue una delicia la suavidad con que te masajeaban el cuero cabelludo.
Una vez terminado el circuito, pasamos a una sala con cómodos asientos, donde se dio paso al ritual del te. Un rato de descanso, un delicioso te de manzana, un poco de charla, y como nuevos de regreso al hotel.
Una experiencia inolvidable, no solo por el Hamman en si, que me pareció un establecimiento muy bien puesto, limpio y con personal muy amable, sino porque te sentías inmersa en la cultura y costumbres del país.
Galatasaray Hamami10