Opinión detallada de segador1640
segador1640
Ripollet, España93%
Si hay un monumento que represente a Estambul, éste es sin duda Hagia Sofia, la que en tiempos fue la iglesia más grande de la cristiandad y que, al igual que la mezquita de Córdoba fue centro de culto para las dos religiones más importantes: el cristianismo ( hasta 1453 ) y el Islam.
Seleccionada como finalista para ser una de las nuevas siete maravillas del mundo, uno comprende que realmente debería ser una de las ganadoras cuando se encuentra ante esa mole de piedra que rezuma historia y religiosidad por doquier. Tuve la suerte de visitarla en agosto de 1999.
Fuimos a Santa Sofia el segundo día de nuestra estancia en la vieja Constantinopla, como ya estábamos informados de la fuerte afluencia de turistas especialmente en agosto, el mes en que estuvimos allí decidimos visitarla a una hora relativamente intempestiva; las tres del mediodía. Tras bajarnos del tranvía en la parada de Sultanahmet y dirigirnos a la entrada nos percatamos de que habíamos cometido un error considerable, pues el calor era como poco insoportable y pese a este hecho la cola de turistas seguía siendo muy larga. Antes de entrar decidimos dar un paseo por el bello jardín que se encuentra frente a la entrada principal, un parque muy grande que se extiende desde la misma Hagia Sofia hasta la cercana Mezquita Azul. Allí pudimos resguardarnos del calor gracias a la sombra que proporcionaban los árboles al tiempo que realizamos un agradable paseo y quemaba mi cámara de fotos ( que por aquel entonces todavía utilizaba carrete ). Una cosa que nos llamó la curiosidad fue ver a unos policías especiales en cuya espalda se podía leer tourism polis ( policía turística ) que se desplazaban a pie o en moto ( también curioso ver que iban dos polis por moto, uno de paquete je je...). Lo cierto es que en aquellas fechas la situación en Turquía era un poco tensa ya que acababan de detener a Occalam, un presunto terrorista kurdo que fue condenado a muerte y las manifestaciones y tumultos pidiendo su libertad eran frecuentes.
Tras pasear por ese parque nos dirigimos a la entrada de Santa Sofía a eso de las cuatro de la tarde, cuando la cola de turistas casi se había duplicado. En esos momentos la iglesia estaba de obras, de manera que tuvimos que entrar por una puerta lateral. Tras aguantar bajo el tórrido sol unos teinta minutos de cola, pagamos la entrada: dos millones de liras turcas ( nunca había tenido tantos millones como cuando fui a Estambul, lamentablemente al cambio en pesetas uno se quedaba igual de pobre ) y entramos.
Lo primero que vimos fue una sala rectangular presidida por dos enormes mosaicos del siglo XI en los que se encontraban representados el emperador bizantino Constantino IX al lado de un Cristo en majestad mientras que en el mosaico situado a la derecho apreciamos a la emperatriz con la virgen. Estas representaciones son realmente bellas, especialmente el trabajo realizado con piezas doradas, pero hay más, mucho más. De hecho la iglesia está bien surtida de mosaicos.
Tras caminar unos pasos por un ancho pasillo torcimos a la izquierda y, súbitamente vimos un espectáculo cuasi místico. Gigantescas bóvedas se elevaban hasta lo más alto, la luz se difuminaba al entrar por los ventanales mientras cuatro enormes pilares se alzan para sostener las cúpulas y las tres naves principales. A derecha e izquierda vemos otras dos cúpulas que se encargan de sostener a la más grande....no hay palabras para describir semejante obra de arte erigida por Justiniano hace ya 1500 años. Lo que exteriormente parece una especie de ladrillo gigante rodeado por cuatro minaretes, una especie de estructura maciza y tosca en el interior se torna en un monumento al espacio y la luminosidad. Lamentablemente el edificio estaba en obras, por lo que no lo pude disfrutar al cien por cien debido a los andamiajes interiores, sin embargo eso no fue óbice para gozar como un loco paseando por las galerías superiores y admirando las tres naves que se extendían allí abajo.
En fin, que salí de allí medio aturdido, drogado por el síndrome de Stendhal y esas imágenes jamás se borrarán de mi memoria.
Salud!!
Santa Sofía10
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Arquitectura