[16/09/2007] Alfredo Merino, autor de este artículo, comienza elogiando la amplitud que se respira en este hotel, comentando que "puedes estirar los brazos sin miedo a dar a las paredes" y que a pesar del generoso tamaño de las camas, aún hay espacio para butacas, mesitas, escritorio etc Menciona las terrazas de algunas habitaciones donde puedes desayunar mientras admiras el paisaje de los Pirineos, y los baños, tan amplios como las habitaciones y con toallas y albornoces "cálidos y amorosos".
Alaba también el perfecto estado de conservación del hotel, a pesar de los 30 años de existencia, quizás debido, entre otras cosas, a la última reforma efectuada en el año 1.999
En cuanto a las zonas comunes, comenta que están decoradas con una "valiosa colección de muebles antiguos" y sigue imperando en ellas la amplitud, pero cómo única pega menciona el color blanco de las paredes, que restan calidez a los "conseguidos ambientes".
A continuación nos habla del "completísimo gimnasio" y de la "apetecible piscina" con que cuenta en hotel, además de la sauna, jacuzzi, baño turco, servicio de masajes y rayos UV, que también ofrece a sus clientes.
También hace mención especial al restaurante, cuya oferta gastronómica califica de "nada desdeñable", considerando obligada una visita al "cuidado comedor"
Finalmente destaca las magníficas vistas que hay desde la terraza-solarium, la "enorme tranquilidad" que se respira en el hotel, comentando que el "elemento más encantador" del complejo, es un insólito invernadero rebosante de plantas. Según sus palabras, una de las "experiencias más recomendables" es sentarse a contemplar la nieve o la tormenta, abrigado por su "exuberante calidez".
El autor hace una valoración global del establecimiento, otorgando un 3 sobre 5 a la decoración; 4 sobre 5 a la comodidad, y una valoración máxima a la atención.
Este relato es una interpretación de lo que el autor menciona arriba
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