Opinión detallada de catland
catland
Madrid, España95%
El restaurante Parrilla, es uno de los mejores de toda la playa, y también de los más antiguos, fue inagurado hace más de 25 años.
Al principio era un local que visitábamos frecuentemente, la calidad de los productos es excelente tanto de los pescados y mariscos como la de la carne. La cocinera era la mujer del dueño que hace las veces de maitre.
Con el tiempo debido a la buena calidad de sus productos, los platos exquisitamente elaborados y el local, con un excelente ambiente, decorado en blanco y los motivos de las telas en tonos del rojo al naranja, con pequeños detalles como flores y velas en las mesas y por supuesto aire acondicionado, hicieron de este local, el más concurrido de toda la playa, tanto, que en Semana Santa era imposible comer o cenar allí. El negocio creció desmesuradamente con los años, haciéndole perder el encanto y atención personaliza del principio.
El local es bastante amplio, pero sólo tiene vistas al mar en la parte de la terraza. Tiene forma de U presentando en la entrada una pequeña barra, que se usa prácticamente tan sólo para la gente que va a encargar las paellas, a continuación están los servicios, y al lado de estos un salón, con puertas acristaladas que dan paso a la terraza, donde el dueño te acomoda cuando vienes de la playa cargado con las sillas., cosa bastante práctica, si quieres volver a la playa después de comer, no tienes que ir a casa a cambiarte y dejar todos los bártulos. A la izquierda del primer salón otro salón decorado de la misma forma y con salida a la misma calle por la que se entra a la zona de la barra.
El dueño es un personaje digamos muy singular, continuamente está regañando a los camareros de forma enérgica ante los clientes, cosa que lo único que provoca es aparte del bochorno del cliente por la vergüenza ajena que se siente cuando se contempla una de estas escenitas protagonizadas por este déspota personaje, es el continuo desfile de camareros, porque con semejante trato no duran más de una semana.
Luego está el peliagudo tema de los menús, cuyo precio puede variar a su antojo en menos de 12 horas, dependiendo de la demanda. Recuerdo que en el puente de Mayo, subió el precio 2 euros en un día laborable, por ser puente, pero lo más gracioso es que el puente sólo era en la Comunidad de Madrid., estos detalles tan cutres son los que convierten un sitio agradable en un lugar a evitar para no coincidir con su dueño. Como optes por elegir algo de la carta, también tendrás problemas, es tipo es tan pelota e insistente, que quiere meterte todo por los ojos y te agobia sin parar, recuerdo una divertida anécdota que presenciamos una vez, una pareja se sentó a comer, y cuando este señor trajo la carta para que eligieran, el caballero se levantó para ir al baño, pues le persiguió por todo el comedor gritando: que le parece unas tellinitas, unos calamarcitos, unas navajas y así recitando toda las lista de aperitivos, el señor bastante enfado y obviamente más interesado en otras prioridades fisiológicas que le apremiaban en aquel momento le respondió: ponga lo que quiera, pero por Dios déjeme mear en paz.
Es una pena que pudiendo degustar platos tan exquisitos como el arroz a banda, que desde luego lo bordan, con un ambiente y decoración tan cuidada, todo inmaculadamente limpio, se vea estropeado por las tonterías del dueño.
La Parrilla7
Valoración
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Accesibilidad
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Se tiene que ver
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Barato
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Ambiente
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Clientes
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Cocina
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Servicio