Opinión detallada de maimare
La primera vez que visité la Alhambra fué en mi época de estudiante con mis compañeros del instituto, y recuerdo que la visita resultó un tanto atropellada, ya os podeis imaginar que con un grupo tan amplio de chavales que íbamos de un lado para otro no fué demasiado cultural la visita.
La última vez que visité la Alhambra sí la disfruté realmente, hace un par de años más o menos, pensé que iba a resultar un agobio por ser navidades y ya se sabe que en esas fechas..., pero bueno, compramos las entradas por adelantado en una entidad bancaria, y fué muy buena idea, porque al llegar a la entrada habia una cola importante para acceder al recinto, así que eso que nos evitamos.
Esta visita la viví de un modo especial, porque hacía poco tiempo que había leído el libro "Cuentos de la Alhambra" de W.Irving, escritor del siglo XIX que vivió durante un tiempo en la Alhambra. Por ese libro y las leyendas e historias que cuenta en esta ocasión me fijé mucho más en los rincones y detalles que ofrece el palacio.
Empezamos nuestra ruta por el Palacio de Carlos V, donde además de ir pasando por las diversas estancias que lo componen en su interior pudimos ver una importante exposición de arte religioso al que no soy demasiado aficionada ni entendida, y que al menos era interesante. Abandonamos este palacio una vez vista la exposición y viendo que cada vez iba llegando más público.
Decidimos parar frente al palacio, donde encontramos varios baños públicos, un botiquín, una minúscula tienda de los típicos recuerdos y un taller artesanal de taracea donde un hombre trabajaba la madera con las minúsculas incrustaciones que dan forma a los trabajos de taracea tan decorativos.
Y ya bajamos a la Alhambra, a pesar de no ser la primera vez, como ya he dicho, tuve una sensación especial, tuvimos la suerte de no encontrar demasiada suerte y pudimos hacer la visita con tranquilidad antes de pasar a los Palacios Nazaríes.
A mí no me resulta nada fácil decidir qué es lo que me gusta de la Alhambra, porque me gusta todo en su conjunto, y me gusta imaginarme la vida que ha visto pasar el palacio, pero creo que en su interior me quedé con "rinconcitos" como el del Salón de Embajadores, dónde se recibía a los emisarios llegados a palacio, y con los restos de sus estucos arabescos, me quedo también con el Mirador de Daraxa y las vistas que ofrece del jardín,y me parece increíble el conjunto del Palacio y el Patio de los Leones, y las vistas que se tienen de la ciudad de Granada desde el Peinador de la Reina enamoran.
Me parece una maravilla la concepción arquitectura y uso del agua que se muestran sobre todo en el Patio de los Arrayanes y el Patio de la Acequia y lugares como la Escalera de Agua,etc., en fin que no puedo decir nada que no me gustara, la Alhambra enamora y yo me dejé enamorar.
Una de las leyendas más curiosas es la de la campana de la Torre de la Vela, donde las solteras que quieran encontrar marido deben tirar de la cuerda que toca la campana el día 2 de enero, yo fuí en navidad y toqué por si acaso.
Finalizamos la visita paseando por los Jardines de los Adarves, donde mi marido como buen granadino quiso hacerse unas fotos junto a la frase más célebre y poética de los granaínos..."Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ser ciego en Granada", como dijo el escritor Francisco Alarcón de Icaza.
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