Opinión detallada de yoei
yoei
Pontevedra, España99%
Buenas noches compañeros, hoy voy a hablaros de este restaurante al que fuimos a comer el domingo mí pareja y yo. Hacía siglos que no salíamos a comer fuera y como el fin de semana estuvo muy bueno y con temperaturas muy acogedoras por aquí nos animamos.
Como ya sabréis la mayoría llevo unos meses viviendo en Jerez y todavía estoy empezando a descubrir la ciudad y todos sus lugares interesantes.
Como no teníamos ni idea de a donde ir a comer y aquí no es que haya muchos restaurantes (lo que más hay es bares de tapas, montaditos y raciones) nos animamos a buscar en la página de trivago para ver los mejores valorados según sus visitantes.
Este restaurante estaba el sexto en la lista, pero a mí me llamó muchísimo la atención por la amplia carta que tenía y sobre todo porque en la web ponía que estaba emplazado en una antigua bodega, además vimos que no quedaba muy lejos del centro y finalmente lo elegimos.
Era un pelín tarde (las 3 de la tarde) y no teníamos reserva por lo que yo ya estaba temblando con que nos mandasen “de vuelta jiji, pero tuvimos la suerte de que había mucha gente que ya estaba terminando, con el postre o con el café, así que enseguida quedó una mesa libre, y que pedazo de mesa.
UBICACIÓN, ESPACIO Y DECORACIÓN
Se encuentra situado un pelín escondido, en una calle de un solo sentido, cerca del centro de la ciudad y de una plaza muy conocida aquí llamada “Madre de Dios. No tiene aparcamiento para clientes y la zona de aparcamiento es de pago (zona azul), tuvimos que dar unas cuantas vueltas pero encontramos donde aparcar.
Tras pasar una amplia puerta de cristal nos encontramos con un espacio grande, muy alto y con una luz íntima y acogedora.
El espacio de las mesas se distribuye alrededor de una chimenea abierta que está justo en el centro de la sala (yo más que chimenea diría que es una lareira). Como os decía al principio el restaurante era una bodega en sus tiempos y conservaron casi todo de la estructura, los techos altos, botelleros por todas partes, y candelabros por todas partes.
A mí me encantó, el ambiente era acogedor, tranquilo e íntimo, además tuvimos la suerte de que nuestra mesa estuviese al pié de la chimenea lo que le daba un ambiente romántico añadido.
LA CARTA Y LO QUE PEDIMOS
Ya la habíamos ojeado un poco a través de la web. Es amplia, contando con una sección de entrantes fríos como quesos, jamón, tártar, o un carpaccio. Una sección de entrantes calientes, un amplio apartado de cares, otro de pescados, mariscos y por último un menú.
Teníamos tanta hambre que comenzamos a pedir como locos, jaja una de croquetas de marisco casera, una de jamón de jabugo, una de langostinos a la plancha, todo eso son los primeros eh!.
De segundo yo pedí un solomillo de cerdo gratinado con queso y salsa de Pedro Ximénez y mi novio un brazuelo de cordero lechal al perfume de azahar y miel de romero.
La comida estaba deliciosa, exquisitamente deliciosa, las croquetas se notaba que eran caseras, suaves, cremosas, mmm, acompañadas de una salsa alioli casera.
El jamón de bellota era recién cortado, y estaba a una temperatura exacta para poder disfrutar completamente su sabor.
Los langostinos fue lo que menos nos gustó, y no porque no estuviesen buenos, porque si lo estaban, incluso sabían a mar, sino porque estaban un pelín crudos y daba un poco de reparo comerlos.
Los segundos más ricos que los primeros si cabe, el solomillo para mí fue una gran sorpresa, porque la carne estaba tierna, jugosa y la combinación del queso con la salsa dulce que llevaba lo hacía delicioso.
Si todavía no quedamos llenos con eso nos atrevimos con un postre casero, que era una tarda de chocolate. Venía muy bien presentada, acompañada de una bola de helado de nata, una galletita de azúcar caramelizado encima y un poco de sirope de frambuesa.
SERVICIO
Desde el momento que llegamos allí nos atendieron genial, a la puerta del restaurante estaba un camarero que ya nos indicó que teníamos que esperar unos minutos mientras acondicionaban nuestra mesa, este mismo fue el que nos acompañó hasta ella.
Luego otro chico distinto nos trajo las cartas y nos hizo recomendaciones, para posteriormente tomarnos nota. Un último y distinto camarero fue el que nos sirvió, rápido y muy atento, sin tener que esperar mucho entre un plato y otro pero al mismo tiempo sin atosigar.
Y LLEGÓ LA HORA DE PAGAR
Ya habíamos visto los precios de la carta y nos imaginábamos que la “salsa iba a ser buena, jaja, pero no tanto como lo fue, por todo lo que os comenté además de una botella de agua, pan y dos copas de vino fino (que es típico de aquí) nos cobraron nada menos que 101,98.
A mí me pareció muy caro, y al revisar el ticket me di cuenta de que precisamente lo que menos nos había gustado era lo que más costaba. Los langostinos en la carta ponían que el precio era según mercado, y según el mercado de ese día nos tangó nada menos que 23 euros por una ración de 300 gramos.
Pero por lo demás no me pareció caro, los precios eran normales y con una buena relación calidad precio.
Finalizo la opinión recomendándoos el lugar y comentando que ese día se me olvidó la Cámara en casa pero como pienso volver ya os pondré fotos de restaurante y de sus platos exquisitos. Un saludo para todos.
La Carboná10
Valoración
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Accesibilidad
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Barato
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Ambiente
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Cocina
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Servicio