Opinión detallada de LURDITAS
Sin duda la visita que más me gustó y me impactó de Lisboa y sus alrededores fue el Monasterio de Los Jerónimos, para mi el mejor monumento a visitar y una visita imprescindible tanto en su exterior como en su interior, por su belleza.
El monasterio está situado en la zona de Betlem, perfectamente comunicado con el centro de Lisboa. Nada más llegar es posiblemente lo primero que ves, con sus impactantes fachadas muy elaboradas y construidas y talladas en piedra de tono blanquecino. Tanto su interior como todo el interior está recientemente restaurado y luce impecable y limpísimo, lo que le hace doblar su belleza.
El exterior aunque es muy bello especialmente la puerta principal de la iglesia, no hace presentir del todo la exquisitez de su interior. Para entrar hay que pagar y no recuerdo cuanto, pero en cualquier caso merece la pena, y hay que entrar.
Dentro, todas las estancias visitables están muy cuidadas, aunque las dos principales sin duda son las que dan fama a este lugar. En primer lugar el interior de la iglesia. La iglesia puede visitarse desde la planta baja y también desde la parte superior del coro. Es desde aquí arriba donde sin duda se aprecia en todo su esplendor, con unas esbeltas columnas elevandose hacia el techo cubiertas casi en su totalidad de cuidados relieves. En su parte superior se ramifican hacia la cubierta dando paso a unos nervios en piedra que parecen sostenerla. El conjunto en sí es de una armonía y belleza absolutas, especialmente visto desde el coro con la cálida luz de las vidrieras.
Si podéis escoger entre varios días para visitar el monasterio quizás sea importante ir uno en el que luzca el sol, porque el interior de la iglesia está mayoritariamente iluminado por la luz natural de las vidrieras, y cuando yo fui, un día muy soleado, lucía doblemente espectacular.
Quizás lo que más destaque de la iglesia son sus gigantescas y elaboradas columnas, la cubierta nervada y el conjunto arquitectónico de la nave, mucho más que los detalles, pinturas, tumbas históricas o esculturas del interior. No es un lugar para deleitarse en cada capilla o en cada mural, sino para quedarse embelesado por la sensación que te envuelve por la magnificencia de la atmosfera creada simplemente por estar dentro de la iglesia.
La otra parte de increible belleza del conjunto es el claustro. Con dos pisos de altura, puede recorrerse por completo por los dos para apreciar todos los detalles de las columnas y arcos que asoman al jardin centrla. Aquí, unas piedras de nuevo impecablemente limpias y de delicado color dorado claro dan forma a una multitud de detalles y tallas naturales en cada rincón de las columnas, los arcos, o el techado de los corredores interiores del claustro. Mires donde mires un detalle tremendamente bonito está tallado, y si en vez de mirar los detalles contemplas la geometría exquisita del conjunto, con perfectas simetrías en cualquier parte del claustro, resulta un lugar donde todo es armonía.
Todo el monasterio además está lleno de historia, pues siempre estuvo muy relacionado tanto con la monarquía portuguesa como con los importantes del lugar en la época de los descubrimientos. Su magnitud y exquisitez da una clara imagen de la importancia de Lisboa y Portugal en aquellos siglos.
Sin duda una visita absolutamente imprescindible y realmente merecería la pena ir a Lisboa solo para ver esta maravilla del arte que es el Monasterio de los Jerónimos.
Cuando fuimos nosotros había bastante gente pero una vez dentro no agobia. Limitan el aforo de personas, luego lo mismo en la puerta te toca esperar porque es un lugar muy visitado, aunque dentro la cantidad de gente que dejar pasar está bien y no se aglomera.
Saludos!!
Monasterio de los Jerónimos10