Opinión detallada de Priotelus
Priotelus
Logroño, España89%
Si tuviera que ponerle música a mis pobres letras elegiría el Ave María de Shubert cantada por Pavarotti, tanto como homenaje a mi Patrona, la Virgen de la Esperanza, como a la Santa que la flanquea en una de los retablillos laterales.
Son muchos miles las personas que han realizado el Camino de Santiago y visitado el Templo, algunos sólo han podido contemplar la majestuosidad de Santiago Matamoros enarbolando a caballo la espada bajo la que caían cercenadas las cabezas de los infieles, otros tantos han podido mirar de frente la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza concluyendo que su belleza es digna de la devoción que se le profesa, pero pocos, muy pocos, conocen la talla de Santa Rita.
Dicen que la ignorancia es muy atrevida, la mía lo fue en grado sumo, acostumbraba a acercarme en las tardes a visitar la Iglesia, recitaba oraciones quedas, encendía con mi chisquero alguna vela tras el tintinear de las monedas, e incauto de mí, le pedía sin cesar a la Espinosa que me cumpliera un ruego.
Una tarde tras otra acudía a solas, resabiado, pretencioso e ingrato, era casi un ritual, tras contemplar la imagen centenaria enrejada en el sotocoro de Jesús el Nazareno, con su llamativa morada túnica, que es sacado en andas con una intensa devoción en la procesión del Encuentro el Miércoles Santo y el Viernes Santo en la del Santo Entierro, me dirigía a rezarle a mi Madre y luego a mi Santa, mi petición era siempre la misma, una solo, un anhelo casi imposible que solicitaba sin denuedo.
Perdí la esperanza de que se cumpliera, mis visitas eran cada vez más espaciadas, casi enfadado por que no me fuera concedida mi petición, pero como alguien dijo, hay que tener cuidado con lo que se desea pues puede convertirse en realidad, mi ruego se cumplió, yo no cabía en mí de gozo y retornaba en las tardes a darle las gracias a mi benefactora, oraciones, velas y agradecimientos se sucedían sin remedio, de pronto algo comenzó a ir mal, peor imposible.
Lo que yo más quería partió sin remedio, nada pude hacer, lo intenté reconducir en vano, contemplé impávido como todo se venía al traste, acudía a Santiago, casi como un hombre sin voluntad ninguna, sólo rezaba y me preguntaba que había hecho yo para merecer tanto sin sabor, no hubo contestación alguna.
Pasó el tiempo, pero no el dolor, tras una vespertina sobremesa, casi sin pretenderlo, escuché una conversación en la Iglesia, una sabia mujer le recomendaba a otra, no le pidas a Santa Rita pues aunque te concede el deseo por cada petición te clava una de las espinas que enmarcan su corazón, sentí una punzada intensa, ahora comprendía, demasiado tarde, pero lo hacía...
No siento ningún rubor al confesarles que mientras escribo estas tristes letras, mis lágrimas perlan el teclado, la espina sigue clavada... Muy hondo... El dolor me embarga todavía, tan profundo, tan intenso...
A pesar de todo ello, les invito a visitar esta Iglesia, primero verán a Santiago, potente a lomos de su corcel, luego, en el interior, a Jesús con la Cruz a cuestas, contemplarán a Nuestra Madre rezumando una intensa belleza, a un costado descansa la donosura sin par de Santa Rita, pueden rogarle lo que anhelen teniendo la certeza de que se cumplirá, pero recuerden que a cambio les clavará un espina...
Iglesia de Santiago el Real10
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Estado
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Valor histórico