Opinión detallada de otromiyo
otromiyo
Móstoles, España99%
Dos horas con Carpetania recorriendo el Barrio de las Letras de Madrid
Recorrido literario por el barrio de Las Letras10
Valoración
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Accesibilidad
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Se tiene que ver
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Barato
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Número de atracciones turísticas
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Idóneo para niños
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Hace ya mucho tiempo que tenía ganas de participar en alguna de las actividades de Carpetania en Madrid, entre otras cosas por los comentarios que nuestra compañera Itaca hace de las mismas.
Mi mujer obtuvo como premio en su trabajo tres cajas Smart Box. Eligió una de "Cocinas del mundo" y dos de "Happy day". Y eligió las de Happy Day porque dan derecho casa una de ellas (en Madrid, porque hay otras actividades fuera) a una de las actividades de Carpetania para una pareja.
Por lo tanto ya no había excusa y sólo tenía que esperar al día que tuvieran la actividad que me apeteciera en una fecha que me cuadrase, porque tienen un calendario de diferentes actividades a lo largo del mes.
De todas ellas, la que hace ya tiempo que me atraía mucho era la visita al Barrio de las Letras. Y me apetecía porque ese fue el barrio de mi juventud. La pandilla quedaba en la esquina de la Plaza Santa Ana, en lo que era Simeón, una galería comercial hoy absorbida por un gran hotel que vino a ampliar lo que era el Hotel Victoria. Y parte de la pandilla vivía en la Calle León, en la Calle Huertas o en la misma Plaza Santa Ana.
Claro que entonces no le llamaban al barrio así, y que era muy distinto. De hecho fui asistiendo a su cambio. Los pequeños negocios, regentados en gran parte por gente mayor, fue sustituida por pubs. Uno de los primeros "La Fídula" con actuaciones de música clásica en directo.
Uno detrás de otro fui "inaugurando" cada nuevo pub y en ellos fui enamorando de la que hoy es mi mujer.
El punto de encuentro y de partida es la Plaza de las Cortes a las diez y media de la mañana y comienza en punto con el sonido del carrillón del Hotel Palace.
ESTATUA DE CERVANTES
Aunque poco conocida, en un lateral de la Plaza de las Cortes el pueblo madrileño rinde homenaje a Cervantes justo a la entrada al Barrio de las Letras. Una estatua con los atributos de Cervantes:
La mano izquierda sobre la espada que nos muestra su condición de soldado, tapada en buena parte por la capa para disimularFotografías
Monumento a Cervantes en la Plaza de las Cortessu inutilidad, pues en la guerra con el turco le quedó inutilizada, de ahí que se le conociera como El Manco de Lepanto.
La mano derecha sosteniendo unos papeles indicando su condición de escritor.
El proyecto de esta estatua se debe a José Bonaparte que cuando reinó en España durante la invasión francesa, intentó una profunda remodelación urbanística de Madrid, entre la que se incluía la ornamentación con estatuas de personajes célebres y a creación de plazas, que Madrid era una ciudad abigarrada y sin espacios libres. Para crear las plazas bastaba con tirar iglesias y conventos y aprovechar el hueco que dejaban.
Es curioso como el tiempo cambia conceptos como el de la distancia, porque si hoy os preguntan por la ubicación de este barrio, diremos que está en pleno centro de Madrid (a cinco minutos de la Puerta del Sol). Sin embargo en el siglo XVII eran los arrabales, porque más allá solo quedaba el campo, las huertas, de ahí el nombre de la Calle Huertas o de la calle del Prado, pues era la que literalmente llevaba hasta el Prado.
Un barrio ocupado por gentes de mal vivir, por comediantes, escritores, artistas en general, dados a trasnochar, pero poco partidarios de misas, rezos o madrugones.
Un barrio en el que además se vivía la vida, o mejor sería decir la noche, con sus tascas, figones y prostíbulos.
Algo de eso queda, no ya de los prostíbulos, pero si de ese ambiente nocturno con multitud de locales don tomar una copa sin el incordio de los coches, pues el tránsito rodado solo está permitido a residentes y personal autorizado.
Procura si vas en coche no despistarte, porque nada más entrar una cámara te hace una foto y si no tienes autorización para transitar, tienes la multa asegurada.
CASA DE LOPE DE VEGA
Por esas ironías del Ayuntamiento madrileño, la calle donde vivió Lope de Vega, no lleva su nombre sino el de su gran rival: Cervantes, por hallarse en esta calle la casa donde murió éste.
Tampoco hubiera pasado nada por llamar a esta calle Lope de Vega y llamar a la calle León Calle Cervantes, pues era en realidad en esta calle por donde se entraba a su casa.
La casa de Lope de Vega ha sido recientemente convertida en un museo cuya visita es gratuita, pero como ha de realizarse con guía, hay que concertar cita previamente.
El edificio ha sido restaurado recientemente, con poco acierto a mi entender, porque la fachada de ladrillo podría haberse hecho con el mismo tipo de ladrillo antiguo que muchas de las casas de la zona, como por ejemplo el Convento de las Trinitarias.
La vida de Lope de Vega fue cualquier cosa menos aburrida o convencional. Mucho más entretenida que cualquier culebrón televisivo de sobremesa, llena de amores, cuernos, hijos ilegítimos....y era cura.
Un escándalo perdonado por el público, que esperaba con impaciencia cada nuevo estreno teatral de Lope. Un auténtico triunfador de las letras y que renovó el género teatral, aligerando las obras (que podían durar la friolera de cinco horas) y creó la estructura de presentación, nudo y desenlace.
Además sus obras no hablaban de lo divino ni de extrañas historias de dioses mitológicos, sino del día a día, historias en las que los espectadores se sienten identificados y en las que los personajes femeninos cobran gran importancia.
CASA DE CERVANTES
En la misma calle donde vivió Lope de Vega, unos metros más arriba, una placa nos recuerda que en aquella casa vivió Cervantes, el gran rival de Lope de Vega.
Rival, pero con distinta suerte, porque aunque Cervantes se considerara a sí mismo un gran autor teatral el público no opinaba lo mismo y su éxito vino de una novela: El Quijote.
Otra vida de película: Soldado, preso por los berberiscos, de los que fue rescatado por los Trinitarios previo pago de una importante suma, y finalmente escritor con serios apuros económicos.
CONVENTO DE LAS TRINITARIAS
Parada en la Calle León esquina Cervantes en el mentidero, el punto en que se reunían comediantes, representantes, escritores y demás gente relacionada con el mundo del teatro, para comentar los últimos estrenos o conseguir un trabajo si se tercia.
El nombre de la calle proviene de un empleado de circo que se quedó con un viejo león que exhibía previo pago en el patio de su casa. De ahí que popularmente se la conociera como la calle del león.
Imágenes de leones se ven en la decoración de las casas de la calle, como por ejemplo en la farmacia.
Y nos encaminamos a una de las visitas más destacadas de este recorrido: El Convento de las Trinitarias. Destaco esta visita porque la iglesia no es visitable, aunque puedes entrar en ella en su horario de misas.
Lo cierto es que a pesar de los años que he paseado por el barrio, nunca había entrado en ella.
El convento es del año 1673 y como reza una placa en él fue enterrado Cervantes en el año 1616, en el convento anterior. Pero una cosa es que esté enterrado y otra que se conserven sus restos
La iglesia está consagrado a San Ildefonso cuya imagen podemos encontrar no solo en el retablo del altar mayor, sino en la portada de la iglesia.
A ambos lados del altar hay dos retablos churriguerescos. Un estilo que por lo recargado no me gusta. Sin embargo estos altares tienen un algo especial y distinto que hacen
que me guste.
En el de la izquierda además de un Cristo crucificado con espejos detrás, encontramos dos tallas que me gustaron mucho, obras de Juan de Mena: La Magdalena y San Pedro de Alcántara, tallas de poco más de cincuenta centímetros.
También en los dos altares laterales sin interesantes dos pequeñas tablas de pintura flamenca del siglo XV.
En los laterales podemos ver cuatro grandes lienzos y al fondo una gran estatua del santo fundador de las trinitarias.
En resumen una iglesia pequeña, pero muy bonita y que merece la pena visitar.
CALLE HUERTAS
El nombre de esta calle nos indica claramente lo que fue esta zona en otros tiempos. Hoy una de las zonas de copas de Madrid. Los tiempos cambian, pero la sed nocturna de los madrileños parece que continua.
Ascendemos por la Calle Huertas, para pasar por la pequeña Plaza de Matute y llegar a la Calle del Príncipe (por un rico príncipe moro que vivió en ella).
Si continuáramos por la calle Huertas, llegaríamos a unos cien metros a la Iglesia de San Sebastián en la que está enterrado Lope de Vega.
PLAZA DE SANTA ANA
La calle del Príncipe nos lleva a la última parada del recorrido: La Plaza de Santa Ana. Obra también de la piqueta de José Bonaparte, que con eso de no ser creyente, no tenía problemas en tirar iglesias y conventos abajo. en este caso fue el de Santa Ana, de ahí el nombre de la plaza.
Es la última parada del recorrido y se hace frente al edificio más emblemático y la razón de ser en su día de este barrio: El Teatro Español.
El Teatro Español no existía en aquella época. Fue construido sobre el Corral de la Pacheca, el lugar en el que tuvieron lugar las primeras representaciones. Como era en el patio (corral) de una mujer llamada Pacheca que lo alquilaba para tal fin, de ahí el nombre, que los madrileños no se andaban con tonterías o cosas raras para llamar a lo sitios.
Y aquí finaliza este paseo de dos horas y diez minutos por este barrio de nuestra capital.
COMENTARIO FINAL
Cinco estrellas, porque este es un paseo con el que realmente he disfrutado mucho, con el guía muy atento y sabiendo explicar con claridad y de modo muy ameno una parte muy importante de nuestra cultura.
Un paseo que no solo pueden disfrutar los que no conocen la zona, sino los que como yo hemos pasado tantas y tantas veces por allí, pero sin captar la multitud de detalles que desde ahora tendré presentes.
Solo un pequeño detalle más para acabar y es que Victoria Beckam cuando vino a España dijo que "España huele a ajo". Donde decía España se refería a Madrid porque es lo único que conoció.
Y estaba totalmente equivocada, porque Madrid no huele a ajo, sino que quizás para que nos sintiéramos más cercanos a lo que debían ser los olores de aquella época, "Madrid huele a pis".
Una pena que no haya m`´as control, porque una vez cerrados los locales y vacíos estos, pero con la vejiga llena, la gente (¿puede llamársele así?) orina en medio de la calle y al día siguiente (era sábado) el olor es inconfundible