Hoteles en Malleza

  • Haz una búsqueda exhaustiva de hoteles en Malleza
  • Encuentra un hotel barato en Malleza
  • ¡Reserva al mejor precio!
Ver lista
Ver mapa
Cargando...
  • Hotel de 3 estrellas mejor valorado en Malleza

    Palacio Conde de Toreno+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Palacio Conde de Toreno

    • 3 Hotel
    • Malleza, a 0,3 km de: Centro de ciudad
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Expedia
    • Rumbo
    • Amoma.com
    • Booking.com
    • 87 87 / 100 Valoración 149 opiniones
    • Ver ofertas de 12 webs
    Mapa Detalles
  • Valle Las Luiñas+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Valle Las Luiñas

    • 3 Hotel
    • Cudillero, a 10,3 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Destinia
    • Amoma.com
    • Hotel.info
    • HRS
    • 85 85 / 100 Valoración 309 opiniones
    • Ver ofertas de 7 webs
    Mapa Detalles
  • Hotel de 3 estrellas mejor valorado en Cudillero

    Casona de la Paca+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Casona de la Paca

    • 3 Hotel
    • Cudillero, a 11,8 km de: Malleza
    • 7ideas
    • HRS
    • Easytobook
    • 90 90 / 100 Valoración 459 opiniones
    • Ver ofertas de 25 webs
    Mapa Detalles
  • Playa de las Llanas+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Playa de las Llanas

    • 3 Hotel
    • Muros del Nalón, a 13,7 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Rumbo
    • Booking.com
    • Amoma.com
    • Despegar.com
    • 85 85 / 100 Valoración 99 opiniones
    • Ver ofertas de 8 webs
    Mapa Detalles
  • Casa Vieja del Sastre+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Casa Vieja del Sastre

    • 3 Hotel
    • Cudillero, a 10,3 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Rumbo
    • HRS
    • 87 87 / 100 Valoración 149 opiniones
    • Ver ofertas de 14 webs
    Mapa Detalles
  • Hotel de 4 estrellas mejor valorado en Soto del Barco

    Palacio de la Magdalena+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Palacio de la Magdalena

    • 4 Hotel
    • Soto del Barco, a 14,4 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Easytobook
    • otel.com
    • Rumbo
    • Expedia
    • 84 84 / 100 Valoración 507 opiniones
    • Ver ofertas de 15 webs
    Mapa Detalles
  • Hotel de 3 estrellas mejor valorado en Candamo

    Casona Cuervo+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Casona Cuervo

    • 3 Hotel
    • Candamo, a 11,4 km de: Malleza
    • 7ideas
    • Rumbo
    • viajar.com
    • 86 86 / 100 Valoración 110 opiniones
    • Ver ofertas de 5 webs
    Mapa Detalles
  • Casona de Llanorrozo+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Casona de Llanorrozo

    • Apto.
    • Cudillero, a 11,0 km de: Malleza
    • 7ideas
    • Rumbo
    • viajar.com
    • 88 88 / 100 Valoración 170 opiniones
    • Ver ofertas de 8 webs
    Mapa Detalles
  • Hotel de 3 estrellas mejor valorado en Pravia

    Antiguo Casino+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Antiguo Casino

    • 3 Hotel
    • Pravia, a 10,0 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Destinia
    • Rumbo
    • otel.com
    • 92 92 / 100 Valoración 252 opiniones
    • Ver ofertas de 15 webs
    Mapa Detalles
  • La Andayona

    • Apto.
    • Malleza, a -0,0 km de: Centro de ciudad
    • 81 81 / 100 Valoración 24 opiniones
    • Ver ofertas de 1 web
    Mapa Detalles
  • Álvaro+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Álvaro

    • 1 Hotel
    • Cudillero, a 11,8 km de: Malleza
    • 7ideas
    • 80 80 / 100 Valoración 591 opiniones
    • Ver ofertas de 2 webs
    Mapa Detalles
  • Casa Prendes+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Casa Prendes

    • 2 Hotel
    • Cudillero, a 12,5 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Easytobook
    • 83 83 / 100 Valoración 245 opiniones
    • Ver ofertas de 9 webs
    Mapa Detalles
  • Castillo Valdés-Salas+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Castillo Valdés-Salas

    • Casa rural
    • Salas, a 7,0 km de: Malleza
    • 7ideas
    • 80 80 / 100 Valoración 111 opiniones
    • Ver ofertas de 18 webs
    Mapa Detalles
  • Casona del Busto+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Casona del Busto

    • 3 Hotel
    • Pravia, a 10,1 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • otel.com
    • Rumbo
    • Booking.com
    • 85 85 / 100 Valoración 272 opiniones
    • Ver ofertas de 14 webs
    Mapa Detalles
  • Astur Regal+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Astur Regal

    • 3 Hotel
    • Valdés, a 15,1 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Expedia
    • Rumbo
    • 84 84 / 100 Valoración 128 opiniones
    • Ver ofertas de 9 webs
    Mapa Detalles
  • Hotel de 3 estrellas mejor valorado en Valdés

    Torre de Villademoros+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    Torre de Villademoros

    • 3 Hotel
    • Valdés, a 16,0 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Rumbo
    • 93 93 / 100 Valoración 224 opiniones
    • Ver ofertas de 13 webs
    Mapa Detalles
  • La Regalina Turismo Rural+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    La Regalina Turismo Rural

    • Apto.
    • Valdés, a 15,1 km de: Malleza
    • Travelrepublic
    • 7ideas
    • Expedia
    • Hoteles.com
    • Easytobook
    • Venere.com
    • 79 79 / 100 Valoración 145 opiniones
    • Ver ofertas de 8 webs
    Mapa Detalles
  • NovedadLa Balandra+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    La Balandra

    • Apto.
    • Muros del Nalón, a 12,9 km de: Malleza
    • 7ideas
    • Booking.com
    • Amoma.com
    • Despegar.com
    • otel.com
    • 0 - / - Valoración
    • Ver ofertas de 6 webs
    Mapa Detalles
  • Pensión Arango

    • Pensión
    • Pravia, a -0,0 km de: Malleza
    • 80 80 / 100 Valoración 34 opiniones
    • Ver ofertas de 1 web
    Mapa Detalles
  • Apartamentos Rurales La Aguilera

    • B&B
    • Cudillero, a -0,0 km de: Malleza
    • 0 - / - Valoración
    • Ver ofertas de 1 web
    Mapa Detalles
  • La Casina De La Era

    • B&B
    • Cudillero, a -0,0 km de: Malleza
    • 0 - / - Valoración
    • Ver ofertas de 1 web
    Mapa Detalles
  • La Casa de Riberas+ Añadir a la lista Añadido Eliminar

    La Casa de Riberas

    • Casa rural
    • Soto del Barco, a 14,0 km de: Malleza
    • 7ideas
    • 0 - / - Valoración
    • Ver ofertas de 2 webs
    Mapa Detalles

Top Hoteles

  • Hotel Palacio Conde de Toreno Malleza
    Bienvenido al Hotel Palacio Conde de Toreno Cargado de historia en cada uno de sus rincones, el palacio y sus jardines, que datan del siglo XIII, han acogido a personas que, de una u otra manera, han dejado una imborrable huella en la historia de España y de Asturias. Desde las familias Valdés y Salas, fundadores de la universidad de Oviedo y vicarios de la catedral de Sevilla, cuyos restos descansan en la iglesia del palacio. Este sitio tan especial ha sido convento de la orden de los Trapenses, base de las tropas de Napoleón, comandadas por el Mariscal Ney, así como casa y lugar de descanso del controvertido historiador español, presidente del Consejo de Ministros de España, miembro de las Cortes de Cádiz y de la junta revolucionaria de la guerra de la independencia, don José María Quiepo de Llano, VII Conde de Toreno. Así llegamos hasta uno de sus últimos propietarios, los hermanos Don Diego Zuleta Conde de Casares y Don Borja de Borsa Zuleta Duque de Abrantes, quien pintó los actuales frescos de la capilla y de quién en la zona tienen aun gratos recuerdos. Celebrar su boda en Palacio Conde de Toreno será como hacerlo en su propia casa. Familiaridad, confianza, cercania y buen gusto, todo ello enmarcado en un palacio con más de 7 siglos de historia. Realmente, todo lujo al alcance de su mano. No puedes dejar de visitarlo. El Palacio Conde de Toreno es el lugar ideal para llevar a cabo todo tipo de celebraciones, especialmente bodas y banquetes, no sólo por su entorno único y cuidado, sino por las numerosas instalaciones con las que cuenta. El palacio tiene un hotel con 17 habitaciones, jardines de más de 100.000 m², iglesia, terrazas, dos salines para celebraciones y magníficas vistas. Palacio Conde de Toreno tiene todo para dotar a sus reuniones de empresa y jornadas de trabajo de un ambiente distinto y agradable. Los espacios más adecuados para cada ocasión y una amplísima zona ajardinada hará que todos los asistentes se encuentren en todo momento como en su propia casa. El Palacio cuenta con un total de 4 salones de diferente capacidad, desde 60 a 200 personas. Además de un ambiente ideal para el trabajo, también cuenta con una alternativa única de ocio y disfrute: el Restaurante del Palacio elabora una cocina de excelente calidad, ampliamente reconocida y elaborada en nuestras propias instalaciones por el reconocido chef Eduardo del Busto. Un entorno absolutamente privilegiado y un lugar único en Asturias vinculado como pocos a la naturaleza y el paisaje de nuestra región. ¿Qué mejor enclave para disfrutar de un retiro mental y espiritual, al margen del stress y el agobio de la vida diaria? Grupos y familias podrán acudir al Palacio Conde de Toreno en busca de esa tranquilidad y esa paz tan difíciles de encontrar en nuestro día a día. Nuestras habitaciones, antiguas celdas de clausura, y nuestra capilla sacralizada dotarán a tu estancia con nosotros de una espiritualidad única que te permitirá afrontar tu vuelta a la vida real de una manera diferente. Se encuentra situado en el pueblo asturiano de Malleza (La Granja, concejo de Salas), popularmente conocido como la pequeña Habana debido a que muchos de sus habitantes emigraron en su día a Cuba y ahora han vuelto a su localidad natal. También podría recibir este sobrenombre por lo exótico y variado de la vegetación que nos ofrecen los más de 100.000 m2 de jardines del Hotel. Cuenta con una gran cantidad de árboles autóctonos, además de preciosos paseos, ideales para la confección de reportajes fotográficos. La Capilla del Hotel fungió en su día como iglesia del pueblo de Malleza, y aún hoy se celebra en su interior la festividad de San Roque, durante la cual el Hotel invita a los asistentes a un aperitivo de platos típicos de Asturianas. El Palacio está en una quinta amurallada, resguardada por robles centenarios, y a través de sus jardines transcurre un antiguo camino de Santiago, que aún hoy continúa marcado por la cruz del apóstol y patrón de España. El Hotel Palacio Conde de Toreno cuenta con dos salones de gran capacidad, a su entera disposición para acoger bodas, banquetes, celebraciones… El Salón Toreno, con capacidad para 300 personas y el Salón Rey Silo, para 150 personas En su excelente cocina, a cargo del reconocido chef Eduardo del Busto, podrá encontrar una gran variedad de menús para celebraciones y banquetes de acuerdo a sus necesidades. El corredor superior, construido de madera de castaño, lo llevará a las distintas habitaciones. El salón en planta baja, también bajo la cúpula de cristal, lo invita al descanso o a la lectura ya que le ofrecemos mas de 500 libros de la colección austral, los cuales podrá disfrutar siempre que quiera. Dentro de la particular decoración del hotel, podemos encontrar más de 50 obras pictóricas de la reconocida artista Cecilia Ybarra. El Palacio dispone de 17 habitaciones dobles todas con baño completo, calefacción, televisión con antena parabólica y teléfono. Algunas cuentan con terraza y todas ellas con unas preciosas vistas, ya sean del jardín, la iglesia o el valle de Arango. Situado en zona de montaña a 29 Km del aeropuerto de Asturias y a 12 Km de la estación de tren de Pravia, en el pueblo de Malleza (La Granja, Salas). Actividades Piraguismo ,Rutas a caballo, Rutas gastronómicas, Senderismo - trekking. se encontrara ud. Muy cerca de todos los puntos de Asturias, que es el paraíso del senderismo, pequeñas y grandes rutas, suaves o mas fuertes, de montaña, de valles, entre arbolados, por praderas, junto a ríos, arroyos, por los acantilados todos de espectacular belleza y relajantes. - Cuando prefiera el mar, a tan sólo 25 minutos tiene la costa, San Esteban de Pravia, La Arena, Cudillero, donde podrá disfrutar de sus playas, paseos por la costa o su ambiente marinero. - También podrá visitar los Parques Naturales, muy cerca tenemos Muniellos, Somiedo, Fuentes del Narcea. - Si le gusta la pesca, ha encontrado su lugar ideal, a 10 minutos de los más importantes pozos salmoneros del río Narcea. La Comarca Vaqueira, de una marcada tradición de los vaqueiros de alzada, y el ganado vacuno, que conforma una mancomunidad de municipios, como Cudillero, Valdés, Salas, Tineo, y Pola de Allende, con una política conjunta de promoción y actividades turísticas: fraguas, molinos, capillas, la ruta del románico, rutas de senderismo, el mar, pueblos pescadores, brañas de vaqueiros, ríos salmoneros, bosques, inmensas praderías, museos, fiestas ancestrales, gastronomía, artesanía etc, etc. MALLEZA En muy contadas ocasiones acontece que, más allá del significado de un concepto propiamente dicho, su mero enunciado resulte de asombrosa eficacia para referirse a muy distinto asunto. Digo esto, porque lo que más se acomoda a una definición de Malleza sería esto que nos sirve de título: un presente histórico. El viajero no se encontrará con las ruinas de un antiguo esplendor; tampoco se dará de bruces con algo desgajado de su tradición sin sabor alguno. Lo que Malleza ofrece al visitante es, en efecto, un presente histórico, donde las huellas del pasado relucen y donde el día a día transcurre sin exangües melancolías que sofoquen su ritmo. No es necesariamente nostálgica la mirada hacia el pasado, siempre que éste suponga una raíz viva que nos sustenta y que nos conmina a afrontar el presente. Así es en el caso de Malleza. Recordar aquellas glorias comunes de las que Renan hablaba en su concepto de nación no implica volver la espalda al hoy que vivimos y que, queramos o no, galopa tan vertiginosamente. Así es también el caso de Malleza. Estamos hablando de un pueblo, perteneciente al concejo de Salas, situado entre la capital del municipio y Pravia al que se accede por una de esas carreteras asturianas cuya singularidad no radica sólo en un trazado que, se diría, fue diseñado por una lagartija, o, también, por una imaginación enloquecida que fue perfilando delirantes formas de mujer. Ítem más: este recorrido entre Salas y Pravia en donde Malleza es visita obligada tiene un hechizo innegable. Es la Asturias tierra adentro que, sin embargo, presiente lo lejano al saber que el mar está sólo un poco más allá de los amables horizontes montañosos que nos resguardan. Y lo presiente también en la medida en que se da cita la presencia arquitectónica de algunas de las trayectorias de personajes del más acá que forjaron su proyecto vital muy lejos de sus orígenes. Estamos hablando, claro está, de los indianos. De hecho, desde principios del siglo XX se denomina a Malleza como «la pequeña Habana». No sólo dan buena cuenta de ello las edificaciones indianas, casi todas ellas, de un interés arquitectónico relevante, sino también el hecho de ser lugar de veraneo de aquellos «americanos» que habían regresado ricos y que eran portadores de unas ideas de progreso que tanto redundaron en beneficio de la Asturias de entonces. «La pequeña Habana». Indianos que hacían carreteras y que construían no sólo su palacete, sino que contribuían además a que se edificasen escuelas. Recordemos una vez más que durante las primeras décadas del siglo XX los indianos construyeron en los pueblos de Asturias más escuelas que el Estado. «La pequeña Habana» en un pueblo de Asturias que tenía muy cerca, en su geografía y en su historia, las miserias y atrasos propios de un mundo que llevaba siglos sesteando. En un pueblo que, además, se encontraba muy cerca de las brañas vaqueiras donde la marginalidad formaba, lamentablemente, parte de las tradiciones. «La pequeña Habana», donde se construyó además una singular iglesia con una cúpula bizantina en la plaza, para lo que fue imprescindible la ayuda económica de sus indianos. «La pequeña Habana» entre Salas y Pravia, entre Pravia y Salas. Un pueblo de Asturias en el que, como tantos otros, hubo emigrantes a Cuba en la mayoría de las familias; pero, además, en el caso que nos ocupa, se diría que, a su regreso, trajeron en su impedimenta incorporada aquella ciudad de las oportunidades que era la capital cubana y la instalaron, a su modo y manera, en su pueblo de origen. La iglesia al fondo. Observe el lector esa cúpula al fondo de la fotografía. Repare, asimismo, en el mosaico humano que posa para la posteridad en la plaza de Malleza en 1915. El personaje del sombrero a quien la vida, sin duda, le ha sonreído, al lado de unos niños que parecen simbolizar la apuesta de futuro. Las tres señoras sentadas, a quienes acompaña la que se queda de pie, representando acaso lo más festivo de la ocasión. A continuación, las niñas. A su vera, el lugareño endomingado a quien parece acalorarle la chaqueta, y, al final, el muro y unas niñas que tienen menor protagonismo en esta foto. La fotografía está datada en 1915. Algunos indianos habían regresado triunfantes. Otros muchos estaban a punto de embarcar. Y la mayoría no conseguirían fortuna. Sólo unos pocos vivieron su final de cuento de hadas, regresando jóvenes y con salud, prestos a vivir desahogadamente su navegación vital más sosegada. Pequeño pueblo, sí, pero con una amplia plaza, que no pierde su atmósfera atopadiza. Plaza, como el ágora, en la que todos comparecen, espacio común del pueblo, que había sido mejorado por los benefactores indianos para disfrute de todos. Ensimismamiento. A poco que reparemos en la fotografía tomada extramuros del establecimiento, nos llama la atención que no hay tertulia. Los presentes están en parte ensimismados, en parte, posando. A decir verdad, la potencialidad literaria de la imagen es enorme. Cada cual es susceptible de ser novelado en el futuro, un modelo para armar literariamente un extenso relato. No es la juventud, sino la madurez lo predominante. Frente a nuestra mirada, los dos hombres con la cabeza cubierta; más absorto el primero, en quien se ve el peso de los años vividos; el que está a su lado mira a la cámara, no está tan recluido en sí mismo y se apoya en la mesa. Junto al marco de la puerta, un rostro en el que parece dibujarse un rictus mohíno. Luego, el chigrero, más atento que el resto, acaso vaya en el oficio. Otro lugareño solo, en un banco, también abismado en sí mismo. Y, por último, los dos hombres que se sientan cerca del árbol, mirando al resto de los contertulios, sin mezclarse con ellos, como quien está de prédica. Seguimos estando en el ágora. Seguimos contando con personajes que plasman con pasmosa precisión ese momento histórico de principios del siglo XX en una aldea asturiana en la que el saber y el progreso no sólo tuvieron que ser arrancados con esfuerzo, sino que además fueron traídos desde muy lejos. Pero que se asentaron. Malleza, a día de hoy, con una población que no alcanza el centenar de habitantes, mantiene vivo el espíritu emprendedor de aquellos que la convirtieron en la pequeña Habana. Es un vivero de empresas familiares. Es un pueblo que ha sabido y podido asociarse. No hay, como dijimos más arriba, ruinas. Lo que en ella se forjó fue de una solidez tal que sigue en pie, sin estridencias, con el heroico y silencioso empeño del día a día. Presente histórico de una Asturias que emigró a América, que no perdió nunca sus orígenes, que se fraguó sobre la base de incorporaciones que son siempre la mejor y más segura garantía de futuro. En muy contadas ocasiones acontece que, más allá del significado de un concepto propiamente dicho, su mero enunciado resulte de asombrosa eficacia para referirse a muy distinto asunto. Digo esto, porque lo que más se acomoda a una definición de Malleza sería esto que nos sirve de título: un presente histórico. El viajero no se encontrará con las ruinas de un antiguo esplendor; tampoco se dará de bruces con algo desgajado de su tradición sin sabor alguno. Lo que Malleza ofrece al visitante es, en efecto, un presente histórico, donde las huellas del pasado relucen y donde el día a día transcurre sin exangües melancolías que sofoquen su ritmo. No es necesariamente nostálgica la mirada hacia el pasado, siempre que éste suponga una raíz viva que nos sustenta y que nos conmina a afrontar el presente. Así es en el caso de Malleza. Recordar aquellas glorias comunes de las que Renan hablaba en su concepto de nación no implica volver la espalda al hoy que vivimos y que, queramos o no, galopa tan vertiginosamente. Así es también el caso de Malleza. Estamos hablando de un pueblo, perteneciente al concejo de Salas, situado entre la capital del municipio y Pravia al que se accede por una de esas carreteras asturianas cuya singularidad no radica sólo en un trazado que, se diría, fue diseñado por una lagartija, o, también, por una imaginación enloquecida que fue perfilando delirantes formas de mujer. Ítem más: este recorrido entre Salas y Pravia en donde Malleza es visita obligada tiene un hechizo innegable. Es la Asturias tierra adentro que, sin embargo, presiente lo lejano al saber que el mar está sólo un poco más allá de los amables horizontes montañosos que nos resguardan. Y lo presiente también en la medida en que se da cita la presencia arquitectónica de algunas de las trayectorias de personajes del más acá que forjaron su proyecto vital muy lejos de sus orígenes. Estamos hablando, claro está, de los indianos. De hecho, desde principios del siglo XX se denomina a Malleza como «la pequeña Habana». No sólo dan buena cuenta de ello las edificaciones indianas, casi todas ellas, de un interés arquitectónico relevante, sino también el hecho de ser lugar de veraneo de aquellos «americanos» que habían regresado ricos y que eran portadores de unas ideas de progreso que tanto redundaron en beneficio de la Asturias de entonces. «La pequeña Habana». Indianos que hacían carreteras y que construían no sólo su palacete, sino que contribuían además a que se edificasen escuelas. Recordemos una vez más que durante las primeras décadas del siglo XX los indianos construyeron en los pueblos de Asturias más escuelas que el Estado. «La pequeña Habana» en un pueblo de Asturias que tenía muy cerca, en su geografía y en su historia, las miserias y atrasos propios de un mundo que llevaba siglos sesteando. En un pueblo que, además, se encontraba muy cerca de las brañas vaqueiras donde la marginalidad formaba, lamentablemente, parte de las tradiciones. «La pequeña Habana», donde se construyó además una singular iglesia con una cúpula bizantina en la plaza, para lo que fue imprescindible la ayuda económica de sus indianos. «La pequeña Habana» entre Salas y Pravia, entre Pravia y Salas. Un pueblo de Asturias en el que, como tantos otros, hubo emigrantes a Cuba en la mayoría de las familias; pero, además, en el caso que nos ocupa, se diría que, a su regreso, trajeron en su impedimenta incorporada aquella ciudad de las oportunidades que era la capital cubana y la instalaron, a su modo y manera, en su pueblo de origen. La iglesia al fondo. Observe el lector esa cúpula al fondo de la fotografía. Repare, asimismo, en el mosaico humano que posa para la posteridad en la plaza de Malleza en 1915. El personaje del sombrero a quien la vida, sin duda, le ha sonreído, al lado de unos niños que parecen simbolizar la apuesta de futuro. Las tres señoras sentadas, a quienes acompaña la que se queda de pie, representando acaso lo más festivo de la ocasión. A continuación, las niñas. A su vera, el lugareño endomingado a quien parece acalorarle la chaqueta, y, al final, el muro y unas niñas que tienen menor protagonismo en esta foto. La fotografía está datada en 1915. Algunos indianos habían regresado triunfantes. Otros muchos estaban a punto de embarcar. Y la mayoría no conseguirían fortuna. Sólo unos pocos vivieron su final de cuento de hadas, regresando jóvenes y con salud, prestos a vivir desahogadamente su navegación vital más sosegada. Pequeño pueblo, sí, pero con una amplia plaza, que no pierde su atmósfera atopadiza. Plaza, como el ágora, en la que todos comparecen, espacio común del pueblo, que había sido mejorado por los benefactores indianos para disfrute de todos. Ensimismamiento. A poco que reparemos en la fotografía tomada extramuros del establecimiento, nos llama la atención que no hay tertulia. Los presentes están en parte ensimismados, en parte, posando. A decir verdad, la potencialidad literaria de la imagen es enorme. Cada cual es susceptible de ser novelado en el futuro, un modelo para armar literariamente un extenso relato. No es la juventud, sino la madurez lo predominante. Frente a nuestra mirada, los dos hombres con la cabeza cubierta; más absorto el primero, en quien se ve el peso de los años vividos; el que está a su lado mira a la cámara, no está tan recluido en sí mismo y se apoya en la mesa. Junto al marco de la puerta, un rostro en el que parece dibujarse un rictus mohíno. Luego, el chigrero, más atento que el resto, acaso vaya en el oficio. Otro lugareño solo, en un banco, también abismado en sí mismo. Y, por último, los dos hombres que se sientan cerca del árbol, mirando al resto de los contertulios, sin mezclarse con ellos, como quien está de prédica. Seguimos estando en el ágora. Seguimos contando con personajes que plasman con pasmosa precisión ese momento histórico de principios del siglo XX en una aldea asturiana en la que el saber y el progreso no sólo tuvieron que ser arrancados con esfuerzo, sino que además fueron traídos desde muy lejos. Pero que se asentaron. Malleza, a día de hoy, con una población que no alcanza el centenar de habitantes, mantiene vivo el espíritu emprendedor de aquellos que la convirtieron en la pequeña Habana. Es un vivero de empresas familiares. Es un pueblo que ha sabido y podido asociarse. No hay, como dijimos más arriba, ruinas. Lo que en ella se forjó fue de una solidez tal que sigue en pie, sin estridencias, con el heroico y silencioso empeño del día a día. Presente histórico de una Asturias que emigró a América, que no perdió nunca sus orígenes, que se fraguó sobre la base de incorporaciones que son siempre la mejor y más segura garantía de futuro. En muy contadas ocasiones acontece que, más allá del significado de un concepto propiamente dicho, su mero enunciado resulte de asombrosa eficacia para referirse a muy distinto asunto. Digo esto, porque lo que más se acomoda a una definición de Malleza sería esto que nos sirve de título: un presente histórico. El viajero no se encontrará con las ruinas de un antiguo esplendor; tampoco se dará de bruces con algo desgajado de su tradición sin sabor alguno. Lo que Malleza ofrece al visitante es, en efecto, un presente histórico, donde las huellas del pasado relucen y donde el día a día transcurre sin exangües melancolías que sofoquen su ritmo. No es necesariamente nostálgica la mirada hacia el pasado, siempre que éste suponga una raíz viva que nos sustenta y que nos conmina a afrontar el presente. Así es en el caso de Malleza. Recordar aquellas glorias comunes de las que Renan hablaba en su concepto de nación no implica volver la espalda al hoy que vivimos y que, queramos o no, galopa tan vertiginosamente. Así es también el caso de Malleza. Estamos hablando de un pueblo, perteneciente al concejo de Salas, situado entre la capital del municipio y Pravia al que se accede por una de esas carreteras asturianas cuya singularidad no radica sólo en un trazado que, se diría, fue diseñado por una lagartija, o, también, por una imaginación enloquecida que fue perfilando delirantes formas de mujer. Ítem más: este recorrido entre Salas y Pravia en donde Malleza es visita obligada tiene un hechizo innegable. Es la Asturias tierra adentro que, sin embargo, presiente lo lejano al saber que el mar está sólo un poco más allá de los amables horizontes montañosos que nos resguardan. Y lo presiente también en la medida en que se da cita la presencia arquitectónica de algunas de las trayectorias de personajes del más acá que forjaron su proyecto vital muy lejos de sus orígenes. Estamos hablando, claro está, de los indianos. De hecho, desde principios del siglo XX se denomina a Malleza como «la pequeña Habana». No sólo dan buena cuenta de ello las edificaciones indianas, casi todas ellas, de un interés arquitectónico relevante, sino también el hecho de ser lugar de veraneo de aquellos «americanos» que habían regresado ricos y que eran portadores de unas ideas de progreso que tanto redundaron en beneficio de la Asturias de entonces. «La pequeña Habana». Indianos que hacían carreteras y que construían no sólo su palacete, sino que contribuían además a que se edificasen escuelas. Recordemos una vez más que durante las primeras décadas del siglo XX los indianos construyeron en los pueblos de Asturias más escuelas que el Estado. «La pequeña Habana», donde se construyó además una singular iglesia con una cúpula bizantina en la plaza, para lo que fue imprescindible la ayuda económica de sus indianos. «La pequeña Habana» entre Salas y Pravia, entre Pravia y Salas. Un pueblo de Asturias en el que, como tantos otros, hubo emigrantes a Cuba en la mayoría de las familias; pero, además, en el caso que nos ocupa, se diría que, a su regreso, trajeron en su impedimenta incorporada aquella ciudad de las oportunidades que era la capital cubana y la instalaron, a su modo y manera, en su pueblo de origen. La iglesia al fondo. Observe el lector esa cúpula al fondo de la fotografía. Repare, asimismo, en el mosaico humano que posa para la posteridad en la plaza de Malleza en 1915. El personaje del sombrero a quien la vida, sin duda, le ha sonreído, al lado de unos niños que parecen simbolizar la apuesta de futuro. Las tres señoras sentadas, a quienes acompaña la que se queda de pie, representando acaso lo más festivo de la ocasión. A continuación, las niñas. A su vera, el lugareño endomingado a quien parece acalorarle la chaqueta, y, al final, el muro y unas niñas que tienen menor protagonismo en esta foto. 1915 Algunos indianos habían regresado triunfantes. Otros muchos estaban a punto de embarcar. Y la mayoría no conseguirían fortuna. Sólo unos pocos vivieron su final de cuento de hadas, regresando jóvenes y con salud, prestos a vivir desahogadamente su navegación vital más sosegada. Pequeño pueblo, sí, pero con una amplia plaza, que no pierde su atmósfera atopadiza. Plaza, como el ágora, en la que todos comparecen, espacio común del pueblo, que había sido mejorado por los benefactores indianos para disfrute de todos. Ensimismamiento. A poco que reparemos en la fotografía tomada extramuros del establecimiento, nos llama la atención que no hay tertulia. Los presentes están en parte ensimismados, en parte, posando. A decir verdad, la potencialidad literaria de la imagen es enorme. Cada cual es susceptible de ser novelado en el futuro, un modelo para armar literariamente un extenso relato. No es la juventud, sino la madurez lo predominante. Frente a nuestra mirada, los dos hombres con la cabeza cubierta; más absorto el primero, en quien se ve el peso de los años vividos; el que está a su lado mira a la cámara, no está tan recluido en sí mismo y se apoya en la mesa. Junto al marco de la puerta, un rostro en el que parece dibujarse un rictus mohíno. Luego, el chigrero, más atento que el resto, acaso vaya en el oficio. Otro lugareño solo, en un banco, también abismado en sí mismo. Y, por último, los dos hombres que se sientan cerca del árbol, mirando al resto de los contertulios, sin mezclarse con ellos, como quien está de prédica. Seguimos estando en el ágora. Seguimos contando con personajes que plasman con pasmosa precisión ese momento histórico de principios del siglo XX en una aldea asturiana en la que el saber y el progreso no sólo tuvieron que ser arrancados con esfuerzo, sino que además fueron traídos desde muy lejos. Pero que se asentaron. Malleza, a día de hoy, con una población que no alcanza el centenar de habitantes, mantiene vivo el espíritu emprendedor de aquellos que la convirtieron en la pequeña Habana. Es un vivero de empresas familiares. Es un pueblo que ha sabido y podido asociarse. No hay, como dijimos más arriba, ruinas. Lo que en ella se forjó fue de una solidez tal que sigue en pie, sin estridencias, con el heroico y silencioso empeño del día a día. Presente histórico de una Asturias que emigró a América, que no perdió nunca sus orígenes, que se fraguó sobre la base de incorporaciones que son siempre la mejor y más segura garantía de futuro. SALAS Los primeros vestigios claros de presencia humana en el territorio del actual concejo de Salas se remontan al periodo megalítico, con unas necrópolis tumulares emplazadas en collados y en los ejes axiales de los cordales montañosos. Excepto uno, constan de más de una arquitectura tumular, abundando los que tienen cámara con planta oval. Destacan los de La Campa San Juan, Penausén y Las Corradas. La Edad del Bronce ha dejado restos de su cultura material; es el caso de las hachas de Figares, Malleza y Alava. De época castreña cuenta con nueve castros reconocidos. Suelen estar ubicados en los espolones terminales de los cordales montañosos o bien en cerros muy destacados, con líneas defensivas que se adaptan a esas condiciones del relieve, pero con importantes modificaciones de éste, creando acentuados e infranqueables desniveles. Son de planta oval y dimensiones variadas. Ocupaba esta zona el pueblo prerromano de los páesicos. La dominación romana alcanzó estas tierras, encontrando en ellas el atractivo del oro. Aún se conservan muestras del laboreo con técnicas romanas; destacan las de Ablaneda-Godán, por el volumen de tierra removido y la ingeniería hidráulica utilizada. Otros indicios romanos son la lápida de Flaus, encontrada en Ablaneda, y restos encontrados cerca de Cornellana (Sobrearriba) de una villa romana y de la estela ornamentada de la hija de Talavo (Castiello). La documentación escrita empieza a proporcionar noticias más concretas referentes a diversos lugares del territorio de Salas. En el año 889 el diácono Tiellus da al presbítero Riciulfo el monasterio de San Esteban de Alava. Son numerosas las menciones, pero no todas se pueden confirmar con seguridad hasta el s. XII. Es el caso de la donación de la iglesia de San Martín de Cornellana en el 898 y la de San Martín de Salas en 1006. Más fidedignas son las lápidas epigráficas del s. X procedentes de esta última iglesia que mencionan a Adefonsus Confesso, identificado como hijo de Fruela II, quien se levantaría contra Ramiro II. Fracasado su intento, sería torturado y castigado con ceguera, y, años después, indultado, regresaría a Asturias reconstruyendo la iglesia de San Martín (Monumento Nacional). La entidad monástica más poderosa del medievo salense tendrá lugar en Cornellana. La infanta Cristina, hija de Bermudo II, otorga en el año 1024 la carta fundacional del monasterio de San Salvador de Cornellana (Monumento Nacional). Después de un periodo de fragmentaciones, será el conde Suero Bermúdez y su mujer Enderquina quienes reúnan y aumenten sus bienes, e integren el cenobio en la jurisdicción cluniaciense a través de una donación del año 1122. Tan sólo cuatro años más tarde Alfonso VII concedía a esta institución un coto jurisdicional. El mundo laico tiene sin duda el principal centro de toma de decisiones relativas al territorio en el castillo de Salas (Monumento Nacional). El propio Don Suero se halla presidiendo un concilio en el «castello antiquo» de Salas. Existía en el territorio salense una organización jurídico-administrativa bastante completa que acabará consolidándose con la fundación de un nuevo centro administrativo para esta demarcación: la puebla de Salas. No se conserva la carta fundacional de la nueva pola, aunque se atribuye a la última fase del reinado de Alfonso X, entre 1270 y 1277. No se trata de una fundación nueva, puesto que la puebla creció a la sombra del castillo. Pasó a capitalizar una actividad económica y administrativa de un territorio inferior al actual. En 1490 se fecha la primera noticia relativa al establecimiento de una interesante asociación formada por los concejos de Grado, Pravia, Salas, Valdés y Miranda, que denota una intención de asumir una personalidad jurídica unitaria supramunicipal. La consolidación de la autoridad municipal no estuvo exenta de fuertes tensiones con la otra institución que dominaba parte del territorio de Salas: el monasterio de Cornellana. Aunque no fue la única, ya que en 1301 surge un conflicto similar entre el obispo de Oviedo y el concejo de Valdés porque los habitantes del coto de Lavio son recibidos como vecinos en la puebla de Luarca. Paralelamente, la villa de Cornellana generó un pequeño núcleo de animada actividad en el que participan artesanos y mercaderes, siempre alentado por el continuo ir y venir de la ruta jacobea. Durante el periodo medieval también el territorio de Salas estuvo engarzado en el principal itinerario de la ruta asturiana de peregrinación compostelana y albergaba en sus términos hitos fundamentales de este recorrido, como, por ejemplo, en el coto de Cornellana un hospital y en La Espina la malatería de Bazar y otro hospital. Del poder feudal nos quedan como legados más importantes la torre del castillo de Salas, el palacio de Doriga y la torre del coto de Soto de los Infantes. En la Edad Moderna se produce el nacimiento de una de las figuras más influyentes del s. XVI, don Fernando de Valdés (Salas, 1483 — — Madrid, 1568), arzobispo de Sevilla, inquisidor general y presidente del Consejo de Castilla. Asturias le debe la Fundación de la Universidad de Oviedo, junto con otros centros centros culturales y asistenciales; la villa de Salas, la construcción de la colegiata Santa María la Mayor (Monumento Nacional) en 1549, adonde fue traladado su cuerpo tras su muerte y reformas del palacio de Valdés Salas (Monumento Nacional). En 1594 el concejo de Salas aparece ya formando parte de la Junta General del Principado. Únicamente se escapan al gobierno municipal los cotos de Cornellana, que acababa de integrarse en la congregación de San Benito de Valladolid, el coto de Soto de los Infantes, el de Lavio y el de Linares. El de Lavio es redimido en 1583 por los vecinos, pasando a ser Ayuntamiento autónomo. El siglo XIX pondrá fin a esta situación, primero con la invasión napoleónica y después con la desamortización de Mendizábal, lo que supuso en 1827 la inclusión en el Ayuntamiento de Salas de los históricos cotos de Cornellana, Soto de los Infantes y Lavio. Poco después en 1835 es suprimido el monasterio de San Salvador, cuyo templo pasa a ser iglesia parroquial bajo la advocación de San Juan Bautista. En la segunda mitad del s. XIX y primeros años del XX aparecen en el concejo algunos progresos de importancia, sobre todo en el aspecto socioeconómico, introduciéndose nuevos cultivos como la remolacha azucarera y el tabaco. También se asiste al inicio de la lenta sustitución de los cultivos cerealistas por el forraje para ganado, especializado en vacuno, con destino a los mercados de carne, primero, y a la producción láctea, después. En el mismo periodo asistimos a un periodo de emigración fundamentalmente a Cuba. Constantes que se mantienen en la segunda mitad del siglo, aunque la población ahora se dirige a las ciudades regionales. En la actualidad se observa en el municipio una apertura a novedosas actividades económicas, como el turismo, pero que todavía no resultan del todo suficientes para fijar una población que tiene como principal actividad la ganadería. Paralelamente, se están llevando a cabo actividades culturales encaminadas a la protección y rehabilitación del patrimonio histórico-artístico con las que se pretende contribuir al desarollo socio-económico del concejo. La villa de Salas ofrece al visitante un patrimonio histórico de gran riqueza, motivo por el cual fue declarada Bien de Interés Cultural en el año 1994. Cuentan las crónicas que en este lugar había un castillo, que ya en el siglo XII se calificaba como «antiguo», a cuyos pies se consituiría un asentamiento: la puebla de Salas (finales del siglo XIII). De la importancia de la población y de algunos de sus hijos más ilustres dan buena cuenta los edificios que ahora podemos contemplar. Ante nosotros el Palacio de Valdés Salas, la Colegiata, la Torre Medieval, así como un interesante conjunto de casonas y palacios. Iniciaremos nuestra caminata en la plaza de la Campa, donde encontramos la Torre Medieval y el palacio de Valdés Salas. Seguidamente, descenderemos bajo el arco de medio punto que une la Torre con el Palacio para visitar la Colegiata. Por último, deambularemos por sus calles a la búsqueda de algunas de las casonas y palacios de la villa. Torre medieval. Se trata de la construcción más antigua de la localidad, que se une al palacio por un puente con forma de arco de medio punto. El interior está dividido en tres plantas y un sótano, unidas por una escalera de caracol. La azotea está rodeada por almenas y cuatro cubos en cada una de las esquinas. En su interior se encuentra el Museo Prerrománico de San Martín, con valiosas piezas del siglo X procedentes de la iglesia del mismo nombre que se encuentra situada a las afueras de la villa. PRAVIA Vestigios históricos hallados en el concejo, prueban la existencia de vida humana ya en tiempos del paleolítico inferior. Dentro de estos hay que señalar los descubrimientos de Sandamías, donde se encontró una gran macheta de piedra, un hacha de mano realizada en material férreo y una especie de raedera convergente de cuartiza hallada en Las Campas de Luerces. Del paleolítico superior hay también elementos significativos como las puntas de flecha halladas. También existen datos correspondientes a la edad del bronce y la edad del hierro, habiéndose reconocido varios asentamientos castreños en el municipio praviano, entre los que cabe citar el Castro de Doña Palla. De la etapa de la romanización, Pravia ofrece diversos testimonios. Uno de ellos se refiere a la identificación con Pravia o con Santianes con la ciudad de Flavionavia, que el historiador griego Claudio Ptolomeo situaba a la orilla izquierda del río Nalón. Se cree que fue fundada en tiempos del emperador Tito Flavio Vespasiano que por él fue nombrado (municipium) Flavium Avia. Otros hallazgos romanos hallados en el concejo son los restos de La Magdalena de la Llera en Santianes, la Estela de motivo funerario encontrada en Los Cabos, y los denarios de Plata hallados en el Castro de Doña Palla. Así mismo durante la época Pravia se convirtió en una importante red de comunicación al ser lugar de pasada de la vía que comunicaba Lugo de Llanera (Lucus Asturum) con el Lugo gallego. Durante la etapa de la monarquía Asturiana, Pravia adquiere una significativa importancia al ser trasladada a sus terrenos la Capital del reino. Este hecho fue realizado gracias a la unión en matrimonio del rey Silo con Adosinda, hija de Alfonso I y hermana de Fruela I, aprovechando que en Pravia existía un antiguo poblado romano. El rey Silo fallece y Adosinda intenta colocar como rey a Alfonso II, hijo de Fruela, al que le sería arrebatado el trono por su tío Mauregato que reina del año 783 al 789. El heredero sería entonces Bermudo. Finalmente Alfonso II el Casto sería el que trasladase la corte a Oviedo poniendo fin a la hegemonía Praviana. En el siglo XIII es cuando tiene lugar la fundación de la Puebla de Pravia durante reinado de Fernando III "el Santo", el cual le concede los fueros a Pravia. Esto no implica que en dicho territorio no hubiese asentamiento humano, pues era conocida la existencia de un monasterio en dicho lugar. En concreto el monasterio de San Andrés, cerrada al culto en el siglo XVIII al amenazar ruinas. De esta época también datan la construcción de las murallas, que han ido desapareciendo con el paso del tiempo. Pravia está representada en la Junta General del Principado desde sus orígenes, y del mismo modo está presente en numerosos entendimientos con los concejos vecinos creándose ya desde tiempos del bajo medievo asociaciones, como la unión de los cinco concejos en los que se hermanaba con Salas, Grado, Valdés y Belmonte de Miranda. Con estos mismos concejos más el voto de Somiedo se formó en la Junta General el partido que participaba en la elección del representante en la diputación y del procurador general del Principado. Históricamente la pesca siempre fue un importante elemento económico para el concejo, dada la buena calidad de sus aguas. El río Nalón era el río salmonero por excelencia y el concejo disfrutaba del privilegio de la renta de la pesca media desde Las Mestas del Narcea hasta Espilonga, próxima a la desembocadura del río en San Esteban, siendo el periodo de pesca desde el 1 de enero al 24 de junio. Este privilegio data de 1669. El ayuntamiento se encargaba de recaudar el dinero y lo utilizaba en la construcción de fuentes, caminos, escuelas para el pueblo, etc. Sobre el Concejo de Pravia escribió en 1806, Antonio Juan de Banzes y Valdés en su obra "Noticias Históricas del Concejo de Pravia", en la que abundan los detalles sobre la población y costumbres del lugar. Otro dato histórico de gran importancia para el concejo tuvo lugar en 1836 en la que Pravia pierde la mitad de su extensión aproximadamente al segregarse los terrenos pertenecientes a Muros de Nalón, Soto del Barco y Cudillero que pasaron a formar ayuntamientos propios. De las épocas actuales hay que destacar que Pravia ha sido y es uno de los concejos donde más presentes están representadas las obras indianas en todo el territorio, con multitud de edificios notables así como capillas, fuentes y escuelas que forman parte ya del entorno praviano. En 1943 la Diputación provincial elige mayoritariamente a su alcalde Santiago López Fernández para el cargo de procurador en Cortes en la I Legislatura de las Cortes Españolas (1943-1946), representando a los Municipios de esta provincia[1] Su red hidrográfica es de gran importancia, pues la erosión de sus aguas determina la formación del relieve. Tres ríos son los que destacan en la zona, el Nalón, el Narcea y el Aranguín que forman unas magníficas vegas. El Nalón entra en el concejo por la parroquia de Pronga formando hasta el núcleo de Beifar frontera natural con Candamo. Más tarde, formará frontera natural con Soto del Barco, desde el Rosico hasta la desembocadura del arroyo del Pontigo. Baña las tierras Pravianas en una longitud de 13,5 kilómetros. Históricamente siempre fue un río de aguas limpias apto para la pesca, hasta que durante el siglo XX, la industria minera y metalúrgica de su cuenca alta aprovechó su curso para el vertido de residuos y el lavado de mineral. Afortunadamente, desde la década de 1990, se ha sometido a un proceso de recuperación medioambiental. El Narcea entra en el concejo por el sur, concretamente por el núcleo de Luerces, en la zona conocida como El Pontón, formando frontera natural con Salas hasta la zona de La Reguerina, frente a la vega de Repolles. Recorre Pravia durante una distancia de 9 km y tras bañar Quinzanas desemboca en el Nalón, cerca del núcleo de Forcinas. Es un río apto para la captura del salmón siendo, junto con el Sella, el más importante de Europa Sur - Occidental para esta práctica. El Aranguín es el tercer río en importancia del concejo. Se adentra en territorio Praviano por el Oeste en la zona conocida como Los Zarrucos, en el núcleo de La Castañal. Recorre algo más de 15 km hasta dar sus aguas al Nalón, entre el núcleo de Pravia y Agones. Es río eminentemente truchero CUDILLERO La vida de este concejo siempre estuvo unida al de Pravia, hasta el siglo XVIII, por ello es muy difícil encontrar unos datos que se refieran sólo el actual concejo de Cudillero, ya que su término municipal no tiene vida autónoma hasta el siglo XIX. No existen restos humanos prehistóricos en lo que entendemos por tierras actuales de este concejo, pero si los encontramos en los concejos limítrofes. Es en la época castreña donde encontramos los primeros restos de este concejo, encontrándose dos castros que son: los castros de La Garita y La Cavona. Hace relativamente poco se descubrió otro yacimiento, el de Gurión. Todos estos emplazamientos parecen de tipo prerromano. Los restos de la época romana aquí, en esta zona están muy difuminados. [editar] Edad Media y Moderna Los primeros datos los encontramos en la Edad Media, en lo referente a las actuales tierras de Cudillero. En el límite de dos poderosas entidades eclesiásticas la de Oviedo y la de Pravia es donde surgiría un pequeño puerto pesquero que hoy ostenta la capitalidad. Será en el siglo XIII, cuando se iniciara un periodo de transformaciones en este sector. Es en esta época cuando se funda la puebla de Pravia y a partir de entonces todas las tierras del actual Cudillero estarán integradas en Pravia. La primera noticia relativa a la ya existencia de la localidad de Cudillero es la que se refiere a una donación al monasterio tinetense en 1285. Toda la población estaba volcada en la pesca y todo este desarrollo tuvo que estar mediatizado por la poderosa familia de Omaña, que ejercieron su poder en la región en esta época. En el siglo XV, Cudillero ya estaba consolidado como puerto pesquero y solicito la concesión del alfolí de la sal que la tenía monopolizada la capital praviana. La concesión no llega a efectuarse nunca. Su relieve se divide en tres partes. La primera es la rasa litoral que se eleva unos 100 metros sobre el nivel del mar con unos acantilados a veces rotos por numerosas playas o ensenadas, destacando en su geografía costera el Cabo Vidio (Cabu Vidíu en asturiano). En una segunda parte los valles interiores de gran fertilidad, atravesados por los ríos Esquieru, Uncín, Ferrera y Piñera. Su tercera parte más al sur, es la zona montañosa con sus picos Peñas de Cueto de 783 metros y Pico Paradiella de 720 metros que son las mayores altitudes de concejo. Parte de su costa está declarada Paisaje Protegido y la turbera de las Dueñas está considerado Monumento Natural. Tiene buenas comunicaciones como la N-632 y está a una distancia de 56 kilómetros de Oviedo. Este concejo ha pasado por las mismas fases de emigración que todos los concejos que están situados en la misma zona de la costa Asturiana. En las primeras décadas del siglo XX, alcanza su cota máxima con 11.150 habitantes, pasando luego a una época migratoria en la que pierde unas 1.000 personas y llegando a su última fase que es un éxodo de emigración, pero que se concretó en la población del campo, empezando una etapa de retroceso demográfico. Las tres fases de emigración se movieron según las oportunidades de trabajo del momento. En la primera fase fue una emigración hacia Hispanoamérica, la segunda fase a los países centro europeos y la tercera a los centros industriales de la región. Este concejo también conoció a las familias indianas, a quienes la suerte les fue propicia, siendo a su vez grandes benefactoras de su lugar de origen, colaborando en la construcción de edificios escolares, viviendas y en cualquier actividad sociocultural y recreativa. Como casi todos los concejos costeros, la mayoría de sus núcleos están en las zonas rasas de la costa, siendo su núcleo más representativo la villa de Cudillero. GRADO Parece ser uno de los primeros concejos asturianos en tener población, consecuencia de la feracidad de sus tierras. No se conocen quiénes fueron los pioneros. De época romana se encontraron monedas por varios lugares del municipio. Quedan algunos restos en Grado de la calzada romana que entraba en Asturias a través del puerto de La Mesa, pasando por parte de estas tierras; este paso facilitó la invasión, en el 794, de los árabes, que, tras penetrar en este territorio, llegan a Oviedo, destruyéndola. El documento más antiguo en que se cita a Grado es una escritura de la Catedral ovetense, de febrero de 1096, en la que doña Scemena Pelaiç hace cesión de los bienes que posee en el municipio a la Iglesia. En 1215 se constituye como concejo de realengo. El s. XIV pasa por ser el más trascendente en la historia de Grado, ya con personalidad municipal propia; fue a la vez el periodo más convulso: la villa de Grado tuvo que defenderse de los ataques del conde Gonzalo Peláez de Coalla, quien aspiraba a su señorío, a los que puso fin Rodrigo Álvarez de las Asturias, por mandato de Alfonso XI. En 1326 formó Hermandad con Oviedo, Pravia, Avilés, y Salas para defenderse de invasores comunes. Una escritura de 1450 habla de la participación del pueblo en el gobierno del concejo durante el bajo medievo, lo que provocó tantos conflictos, en el s. XV, que ya en dicha escritura se recoge su suspensión. El mariscal francés Ney la sometió a saqueo en mayo de 1809. Otra división napoleónica permaneció bastante tiempo en la villa. En 1836 Candamo se declara independiente del concejo. Y entre 1885 y 1986 lo hacen las parroquias de Udrión, Trubia y Pintoria, Llamoso, Ondes y Montovo Aqui tiene muchos datos e historia del Hotel Conde Toreno y sus Alrededores
    más