[28/09/2007] Comenta que desde el mar hasta el Parador hay una "larga escalera" de madera maciza que tiene "casi doscientos escalones", lo que lo convierte en una "atalaya de lujo" sobre el océano, al situarlo en un "estupendo acantilado", que le dan "grandes vistas panorámicas".
Dice que se encuentra en un "enclave privilegiado" de la costa en Doñana, con una "riquísima vegetación" y una serenidad "sublime".
Comenta que a su alrededor tiene "grandes masas forestales" , lo que le convierte en lugar "idóneo para el disfrute de la naturaleza y las azules aguas del Atlántico".
De su ubicación comenta que "está protegida de los vientos atlánticos" y para los que no quieran utilizar las escaleras para acceder al mar, también existe una "ruta lateral" un poco más larga.
Habla sobre "el gran césped" que rodea la piscina y el "espléndido y floreado" jardín, así como las actividades que pueden realizarse en el parador ("piscina de temporada y climatizada, gimnasio, sauna, tenis, ping-pong, alquiler de bicicletas, cursos de vela, windsurf, pesca, caballos, golf, etc") y los lugares que visitar en los alrededores.
En cuanto al edificio, comenta que "no presume de histórico ni de noble", sino que su encanto lo consigue por el "clima envidiable" y la "singular localización". Sin embargo, su interior es "acogedor", con "con detalles decorativos que aportan alegría y luminosidad". De las habitaciones dice que son "confortables con terrazas y hermosas panorámicas".
En el restaurante, "con vista a los pinares", dice que se cuida la elaboración de "platos excelentes", tanto de tierra como de mar, señalando los platos de que se compone un "riquísimo menú degustación".
Este relato es una interpretación de lo que el autor menciona arriba
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