[12/10/2007] El autor es un corredor habitual de los encierros y centra su artículo en contestarse a sí mismo la razón que le empuja a este ritual año tras año, relatando esos 15 minutos donde las pulsaciones se disparan.
Inicia su relato a las 7:45 de la mañana, cuando acude a la plaza para encontrarse, según sus palabras , "con quien sabe qué". Comenta la tradicional compra del periódico, que define cómo "punto de apoyo enrollado" donde descargar la tensión. Nos habla de vallas "atestadas de gente", de los últimos saludos antes del chupinazo, cuando es habitual desearse suerte y decir: "Nos veremos en la estafeta... o en el infierno....".
Luego relata cómo siente "el corazón botar" cuando se escuchan las "pezuñas golpeando los adoquines", la llegada de los toros, las caras de aquellos que antes reían y ahora son "una mueca de espanto", el paso de los toros, los corredores por el suelo, pegados a la pared o corriendo a la par de los animales... y a las 8:02 todo ha terminado.
Finalmente se hace la pregunta crucial: ¿Por qué? Tras unas serie de explicaciones, acaba diciendo: "porque nunca me siento mas vivo, que cuando esquivo a la muerte".
Este relato es una interpretación de lo que el autor menciona arriba
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