Opinión detallada de segador1640
segador1640(35)
Ripollet, España99%
La Conciergerie era una de mis asignaturas pendientes en todas las visitas que había hecho a la capital francesa, siempre me decía que tenía que verla pero nunca encontraba el momento, hasta que por fin pude visitarla el pasado mes de mayo. Tras pasear por el edificio concluí que debería de haberla visitado mucho antes.
En este caso no pude evitar visitarla, ya que para dirigirme hacia Notre Dame o la Sainte Chapelle caminé centenares de metros delante de su fachada. Si uno cruza el Pont Neuf para dirigirse hasta el bulevard du Palais tendrá un delicioso paseo con el Sena a su izquierda y el precioso edificio gótico de la Conciergerie a su derecha.
He leído en varios sitios que muchos visitantes tienen que pasar férreos controles de seguridad para acceder al recinto, sin embargo yo no tuve esa experiencia ( en la Sainte Chapelle si ), simplemente me acerqué a la puerta y entré, tras esperar un rato a la apertura del monumento, ya que llegué al mediodía. Desde luego que la entrada por la que entré no es nada solemne; una pequeña puertecita que da a unas escalones que nos sitúan en la sala principal del edificio, conocida como pabellón de los soldados.
La sala en cuestión es impresionante; amplísima y llena de columnatas góticas, aunque eso sí, bastante oscura. Estuve un rato regocijándome en el lugar antes de seguir hacia adelante. Al fondo de la sala hay un puesto de souvenirs de lo más interesante, ya que no vende las típicas "torres eiffeles" de hojalata, sino que se dedica a la venta de libros, postales y pósters. Lamenté sobremanera no saber francés ya que había libros tremendamente interesantes sobre la historia de París y, sobre todo, de la Revolución Francesa. Tras quedarme con lo dientes largos y adquirir un mapa de la Europa del siglo XI, me dirigí a las celdas revolucionarias.
Obviamente sabía que el edificio había sido una prisión y que de allí salió Maria Antonieta para visitar a "madame guillotin", pero desconocía lo bien representado que está el ambiente carcelario. Con los ojos ya adaptados a la penumbra me sorprendió ver la disposición de las celdas, la diferencia entre unas y otras en función del detenido y el lamentable estado en el que allí se malvivía. Entre todas ellas destaca la habitación-celda en la que se alojó a la reina; además para darle verosimilitud al tema el lugar está lleno de figuras de cera a tamaño real. Lo único que le falta al lugar para sentirnos como en 1793 es el asqueroso hedor que allí se debía de respirar.
Tras ver la cárcel salí a un pequeño jardín, que no tiene nada de especial, no obstante antes de acceder al exterior hay una capilla en la cual rezó Maria Antonieta ese 16 de octubre de 1793 en el que perdió la cabeza y que resulta bastante interesante.
En definitiva se trata de un lugar que vale la pena visitar, no solo por su gran belleza arquitectónica sino también por la enorme carga histórica que respiramos por doquier.
La Conserjería9