Opinión detallada de LURDITAS
The Perlan es un restaurante en Reikiavik, Islandia, que aparece en todas las guías turísticas como visita recomendada en la ciudad, pero no por el restaurante en sí sino por ser un edificio emblemático de arquitectura contemporánea y además tener en su azotea un mirador panorámico. Realmente es algo más complejo que lo que acabo de explicar, The Perlan (La Perla) es una construcción semiesférica apoyada y ubicada sobre seis depósitos cilíndricos que almacenan el agua caliente de la planta geotermal que posteriormente se distribuye hacia Reikiavik para calefacción y uso energético. La cúpula superior, que le da su característico nombre, es totalmente acristalada y de día brilla bajo el sol de manera bien visible desde la ciudad, y en su interior alberga el restaurante panorámico, que gira sobre sí mismo.
Lo visitamos en el viaje que hicimos por Islandia en 2007. Mis amigos querían pasar al menos un día completo en Reikiavik, y aunque yo hubiera estado todo el tiempo entre hielos, ríos y montañas pasando del lado urbanita, la democracia manda y allí estuvimos un día y medio. En la ciudad no hay gran cosa que ver en mi opinión y casi que detrás de la catedral protestante y la católica, y la zona comercial y un par de museos, todas las guías te mandan aquí. Así que allí fuimos, con el coche porque se encuentra algo en las afueras.
Situado en lo alto de una pequeña colina sobre la ciudad, el acceso es en coche porque andando está bastante lejos del centro. The Perlan es visible desde bastante lejos porque el edificio es enorme y su cúpula semiesférica bastante característica. Una vez en el aparcamiento que tiene delante, vimos que el edificio en sí, de cerca, no es que tenga una estética bonita para nada. No la tiene, y a mí, que suelo apreciar bastante la arquitectura y más la contemporánea, no me dijo nada de nada en cuanto a estética. Creo que mucho valor artístico no tiene aunque se le reconozca como la construcción más singular del país.
Fuimos a entrar y nos comentaron que al restaurante como tal no podíamos pasar pues estaba completamente reservado para una boda, y el horario de acceso al mirador, que es independiente, estaba pasado ya. A la vista de nuestra cara de desilusión se portaron bastante bien y nos dejaron subir al mirador a pesar de que el horario de apertura estaba pasado. Total, el edificio completo estaba ocupado por los invitados de las bodas, así que no debía suponerles gran cosa, pero me gustó el detalle pues fue una muestra más de la hospitalidad de Islandia hacia los turistas, la verdad es que son muy colaboradores con todo y es muy fácil recorrer el país porque te ayudan en todo.
Una vez pasado el control llegas al hall en su parte inferior que es diáfano y puedes ver una parte de la cúpula sobre ti y la escalera de acceso hacia arriba. También hay ascensores y subimos por ellos. Arriba salimos directamente al mirador, que es una terraza que va rodeando la cúpula junto a su base y desde la que se aprecia todo Reykjavik, el mar, la costa y los alrededores. Unas vistas bastante agradables, merece la pena venir hasta aquí y subir un rato.
También me hubiera gustado poder cenar en el restaurante una vez que estando allí lo vi, pues supongo que debe tener su gracia eso de que gire sobre sí mismo y vaya cambiando lo vista, pero bueno, con lo de la boda no pudimos. Es un restaurante de cierto nivel con cocineros de renombre y que presume de ser el mejor restaurante del país, así que creo que si queréis ir de verdad lo mejor será reservar.
Abajo en el hall y antes de la salida hay también una tienda de recuerdos y suvenires, que cuando estuvimos estaba ya cerrada, pero bueno supongo que tendría lo típico.
Perlan7