Opinión detallada de ACALCEDO
ACALCEDO
MADRID, España98%
Una ciudad con mucha historia, que merece la pena visitar. Si el tiempo acompaña y el día es soleado, mejor que mejor.
Centre Historique de Saint Malo8
Valoración
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Accesibilidad
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Se tiene que ver
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Barato
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Era día de Viernes Santo. Nos levantamos temprano y fuimos a desayunar; nuestra estancia en el Hotel “Les Terrasses Poulard del Mont Saint Michel llevaba incluido el desayuno. No sé por qué, pero los croissants saben en Francia como en ningún otro sitio.
Tras la el desayuno, realizamos la visita al conjunto del Mont Saint Michel y su abadía, para, a su término, emprender camino hacia Saint Malo.
A medio camino hacia nuestro nuevo destino, decidimos repostar combustible y, por indicación de gente de allí, decidimos hacerlo en una gasolinera adosada a un centro comercial, en este caso Champion. (Nos indicaron que así es más barata).
Pues bien, como habíamos decidido que compraríamos algunas cosas típicas de allí para llevarnos (vinos, galletas, quesos), se nos ocurrió que era una buena ocasión para comprarlo a buen precio en este supermercado; pero las cosas no salieron bien
En el momento de dirigirnos al aparcamiento, un coche echaba marcha y, a pesar de nuestros bocinazos, nos dio en el coche rompiendo una pieza de plástico que rodea uno de los faros antiniebla. ¡Qué disgusto, con lo que supone devolver un coche de alquiler con un desperfecto!
Lo que nos esperaba después iba a resultar de auténtica odisea
Resultó que el conductor del coche tenía cerca de 80 años y le acompañaba su mujer, también septuagenaria. Los pobres señores nos pidieron que no diéramos parte al seguro porque acababan de tomar un seguro con una compañía en París y les había costado mucho hacerlo dada su edad; no obstante, nos pidieron que les acompañásemos al taller de un amigo suyo para que reparara el desperfecto y que se harían cargo del importe. Así lo hicimos.
Cuando llegamos al taller, el dueño nos dijo que no disponía de esa pieza, así que decidió llamar a Citröen en Saint Malo para averiguar su precio y nos remitió al concesionario de esa ciudad. El matrimonio quedó satisfecho pagándonos los 20 euros y agradecidos de que no diéramos parte al seguro del coche.
Una vez en el concesionario de Citröen, en Saint Malo, de nuevo nos tocó perder más tiempo porque la persona que haría la reparación estaba comiendo, con lo cual nos tocó esperarle más de una hora. Total para nada, porque cuando llegó nos dijo que el precio de la pieza era de 20 euros pero había que sumarle la pintura y la mano de obra, o sea, que todo nos supondría unos 60 euros y dejar allí el coche durante toda la tarde.
Como no queríamos perder más tiempo, decidimos irnos sin cambiar la pieza. Nos arriesgaríamos a pagar en el aeropuerto al devolver el coche.
Así pues, nos dirigimos al centro de esta ciudad y lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer. Elegimos una “creperie en la que comimos muy bien, aunque resultó un poco cara, la verdad.
La ciudad des Saint Malo es espectacular. Se trata de una ciudad costera con gran tradición pescadora y de todo lo relacionado con el mar. De hecho en sus calles había infinidad de tiendas en las que se podían adquirir todo tipo de objetos de marcado carácter náutico (ropa, muebles, adornos)
Lo más característico de esta ciudad es una zona llamada “Intramuros. Es una especie de gran muralla que se puede recorrer por su parte superior y que alberga lo que podríamos denominar un “casco viejo de la ciudad. Es un visita que resulta espectacular, tanto recorriendo la muralla, como las estrechas calles de su interior todas tan típicas, llenas de tiendas y restaurantes.
Las fotos que se pueden hacer desde lo alto de las murallas son magníficas, con unas perspectivas de la costa y del mar únicas.
Tras disfrutar esta visita tan apasionante, decidimos poner rumbo hacia nuestro siguiente destino: Angers.
Y aquí continúa nuestra historia del coche porque, al darnos cuenta de que volveríamos a pasar por Portorson (el lugar donde tuvimos el accidente), pensamos que quizá podríamos localizar al matrimonio antes mencionado y decirles lo que nos habían dicho en Citröen. Por intentarlo nada perdíamos.
Así que allí nos presentamos, de nuevo en el taller de Portorson y les dijimos los que nos había sucedido. Amablemente llamaron por teléfono al matrimonio y yo mismo le expliqué lo sucedido a la señora quien, sin rechistar, se ofreció a pagarnos los 40 euros de diferencia que nos costaría el arreglo del coche.
Por suerte, un empleado del taller salía de trabajar y se ofreció a guiarnos hasta la casa del matrimonio, ya que vivían en una zona de monte a unos cinco kilómetros del pueblo. La casa estaba llena de perros y demás animales, y no sabíamos muy bien cómo seríamos recibidos, pero, a decir verdad, todo fue amabilidad e incluso insistían en que nos quedáramos a tomar algo. No quisimos estar allí más tiempo, así que nos dieron los 40 euros y ya podríamos parar en otro concesionario de Citröen que encontráramos en nuestro recorrido y reparar la pieza dañada. ¡Hay que ver que aventuras nos buscamos a veces casi innecesariamente!
Seguimos nuestro viaje hacia Angers, pero hicimos una parada para merendar en Rennes. Decidimos comer algo rápido y para ello entramos en un “Quick. He de comentaros que en Francia no hay Burger King. Hay McDonald´s y Quick como alternativa (en cuanto a hamburgueserías, se entiende); así pues, nos decidimos por esta última cadena por aquello de la novedad.
Ya que estábamos en esta ciudad, aprovechamos para dar una vuelta por sus desérticas calles y es que, como en casi todos los sitios de los Pirineos para arriba, no hay nadie en la calle en cuanto cae la noche; nada que ver con España.
Rennes me pareció una ciudad bonita, pero no excesivamente. En cualquier caso, no puedo hacer una valoración justa ya que el paseo que dimos por sus calles más céntricas no duró más de una hora.
Y vuelta a la carretera y llegada a Angers, donde dormiríamos y desde donde comenzarían al día siguiente nuevas visitas.