[16/09/2007] La autora comienza diciendo que la Posada "guarda en sus paredes de piedra la historia de dos tierras hermanadas: Extremadura e Hispanoamérica".
Después, informa de que tiene siete habitaciones, que están "decoradas manteniendo el encanto de las construcciones de piedra y la comodidad y el calor de las casas acondicionadas con mimo" y que tienen "muchos detalles" (como por ejemplo las camas isabelinas de 1,5 metros) para conseguir "arropar al inquilino" y que se sienta "casi como en casa".
Según él, los dueños de la posada, han sabido darle "ese toque de las cosas hechas con cariño".
Destaca también el restaurante, diciendo que tanto en su comedor como en su "apacible" terraza, sirven "platos elaborados con productos de la tierra, siempre acompañados de un buen vino extremeño" y que por la noche la velada se hace "más agradable" gracias a la luz de las velas y a la "tenue" música de fondo.
Por último, indica algunos de los lugares más interesantes que se pueden visitar en los alrededores de la posada.
Este relato es una interpretación de lo que el autor menciona arriba
Lea el artículo completo: