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VIENA: LA CIUDAD IMPERIAL


El pasado imperial de la capital de Austria ha marcado el trazado de una ciudad llena de palacios y elegantes edificios y que puede presumir de una intensa vida cultural donde la música es la reina de las artes. Pero Viena, con sus famosos cafés y renombrados postres, no solo seduce por la vista, sino también por el paladar.

EL CORAZÓN DE VIENA


Uno de los mejores lugares para empezar la visita a la capital austriaca es en la calle peatonal Graben, situada en uno de los puntos más céntricos de la ciudad. El nombre, que en alemán significa foso, proviene de la zanja que aquí cavaron los romanos para protegerse de posibles ataques. Hoy en día, Graben es una calle repleta de comercios, cafeterías, restaurantes y hoteles ubicados en los elegantes edificios históricos tan característicos de Viena. En el centro de la calle destaca un monumento puramente barroco, la Columna de la Peste, que se instaló en el siglo XVII para celebrar el fin de la epidemia que asoló Europa. Y si aún no has desayunado, en Graben y las calles de alrededor podrás sentarte a disfrutar de un buen café vienés, como el Kapuziner, acompañado de alguno de los famosos postres austriacos.

En un extremo de la calle se encuentra Stephenplatz, la plaza de la catedral de Viena, dedicada a San Esteban. Lo que más llama la atención del edificio es la torre gótica de 137 metros de altura y el tejado decorado con azulejos de colores que forman dibujos geométricos. Además, la catedral fue el lugar de enterramiento elegido para muchos de los miembros de la familia Habsburgo, así como el escenario de la boda y posterior funeral del compositor Mozart. No muy lejos de la catedral, bajo la iglesia de los Capuchinos, está la Cripta Imperial, con más de 100 sarcófagos artísticamente decorados entre los que se encuentran el de Francisco José I y el de la Emperatriz Sisi.

RINGSTRASSE


Ringstrasse es el nombre de un gran bulevar circular construido donde antes estuvo la muralla que rodeaba el casco antiguo de Viena. Es en este bulevar, que está formado por varias secciones, donde se concentran la mayoría de los edificios emblemáticos de la capital, y se puede recorrer tanto a pie como en tranvía.

Si acabas de visitar la Cripta Imperial, lo mejor es que accedas a la Ringstrasse siguiendo la calle Kärntner. En una esquina verás uno de los hoteles con más solera, el Hotel Sacher, famoso por ser el lugar donde se empezó a vender la tarta Sacher o Sachertorte, un delicioso pastel de chocolate relleno de mermelada de albaricoque y glaseado con chocolate negro. Y un poco más adelante llegarás al primer gran edificio de Ringstrasse, el lujoso Teatro de la Ópera de Viena, centro de la cultura musical de la ciudad. Para conocerlo por dentro, tienes dos opciones: hacer una visita guiada o comprar una entrada para ver una de las obras (en el segundo caso, puedes comprar una entrada para ver la obra de pie, ya que los precios son mucho más baratos). A dos manzanas de la ópera está la iglesia de San Carlos Borromeo, tal vez una de las más fotografiadas de la capital austriaca, que destaca por su cúpula central de color verde y las dos columnas gigantes inspiradas en la Columna Trajana de Roma que adornan ambos lados de la fachada.

Continuando por la avenida circular hacia el oeste, la siguiente parada es una zona en la que hay dos plazas, una a cada lado. En la parte izquierda está Maria-Theresien-Platz, con dos edificios idénticos que albergan el Museo de Historia Natural de Viena y el Museo de Historia del Arte de Viena. ¡Ambos son impresionantes, tanto por fuera como por dentro! Al otro lado de Ringstrasse, en la parte derecha, está Heldenplatz, con la Biblioteca Nacional Austriaca: tan solo el exquisito interior barroco del edificio justifica la visita de la que muchos consideran como una de las bibliotecas históricas más bellas del mundo. Si te gusta esta parte de la ciudad para alojarte, es posible encontrar buenas ofertas en hoteles de cuatro estrellas como ViennArt am Museumsquartier, un hotel moderno mucho más barato de lo que imaginas.

En un lateral de Heldenplatz se encuentra otra de las construcciones más emblemáticas de Viena: el Palacio Imperial de Hofburg. Es uno de los imprescindibles que tienes que añadir a tu plan, ya que en su interior podrás acceder al Museo Sisi y comprender mejor la vida de la emperatriz, y a los apartamentos imperiales, donde conocerás de cerca la vida del emperador Francisco José y la emperatriz Elisabeth a través de las distintas estancias por las que no parece haber pasado el tiempo. Y si te quedas con ganas de ver más palacios y seguir descubriendo las residencias de la realeza, apúntate dos más: el palacio Schönbrunn y el palacio Belvedere.

De nuevo en Ringstrasse, aún te quedan tres lugares más por los que debes pasar: el imponente edificio del Parlamento de Austria, que recuerda a un templo griego; el ayuntamiento, de inspiración gótica y coronado por una escultura dorada que se ha convertido en el símbolo de Viena, y la iglesia Votiva, de estilo neogótico y con dos afiladas torres de casi 100 metros de altura.

MÁS ALLÁ DE LA VIENA IMPERIAL


El mercado Naschmarkt, cerca de la iglesia de San Carlos Borromeo, se lleva celebrando desde el siglo XVI, y es una de las mejores formas de conocer los productos típicos austriacos y mezclarse con la población local mientras se recorren los coloridos puestos.

Fuera del centro histórico, merece la pena acercarse hasta la Hundertwasserhaus, un divertido complejo residencial ideado en los años 80 por el pintor Friedensreich Hundertwasser. Líneas curvas, una fachada formada por un mosaico de colores con ventanas que no siguen ningún patrón y árboles que salen del propio edificio; el conjunto es difícil de describir, así que lo mejor es que lo veas en persona. Al lado hay un pequeño centro comercial, el Hundertwasser Village, que sigue la misma estética.

Pero tu viaje a Viena no estará completo hasta que no vayas al Prater: el parque de atracciones más antiguo del mundo. Inaugurado en 1895, en el parque todavía se conservan muchas de las atracciones originales, como la noria de 60 metros de altura abierta en 1897 para celebrar el 50º aniversario de la coronación de Francisco José I. ¡Toda una reliquia que aún sigue divirtiendo a grandes y pequeños!

Si después de tantas visitas te apetece cenar tranquilamente y probar la gastronomía típica, acude a un beisl, una taberna vienesa al estilo tradicional. Un ejemplo de ello es Steman, situado en la calle Otto-Bauer-Gasse, donde podrás degustar platos como la Fritattensuppe, la Grießnockerlsuppe o el escalope empanado Wiener Schnitzel. Y tras la cena, nada como un agradable paseo por las zonas más céntricas, delicadamente iluminadas, para dar las buenas noches a la gran dama austriaca.

Precio máximo

de ‎ 24 €hasta ‎ 1.500 €