Las calles de Ujué, su fisonomía y trazado así cómo sus edificios, son un magnífico exponente de lo que denominaríamos un típico núcleo medieval. El casco urbano se extiende a lo largo de un montículo con estrechas calles tortuosas y empinadas que suben hasta la iglesia de Santa María y otras que se van entrecruzando con ellas, formando una especie de laberinto. Las casas, apretadas unas contra otras y con sus antiguas fachadas desnudas de cualquier adorno, algunas de ellas formando un ángulo recto y con un pequeño patio o jardín interior, responden a la tipología típicamente medieval, estilo que ha sido mantenido en obras posteriores. El material más utilizado para la construcción de edificios es el sillarejo, o piedra semilabrada de terminación tosca, pero hay algún trabajo de sillería realmente excepcional, así cómo escudos de gran belleza en algunas fachadas.